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17 de junio de 2025 a las 04:35
Obregón y SEGIAGUA evitan desborde en presa Becerra
La lluvia, inclemente y torrencial, se ensañó con la Ciudad de México la tarde del lunes. Una cortina de agua, implacable, saturó las calles y avenidas, convirtiéndolas en ríos improvisados. La presa Becerra, enclavada en el corazón de Lomas de Becerra, se vio rápidamente superada por la furia de la naturaleza. El nivel del agua ascendió a un ritmo alarmante, un espectáculo imponente y a la vez aterrador, que despertó la inmediata preocupación de las autoridades. La amenaza de un desbordamiento, con sus potencialmente devastadoras consecuencias, era inminente.
Ante la gravedad de la situación, la alcaldía Álvaro Obregón, en una rápida y eficiente coordinación con la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA), activó el protocolo de prevención. Cada minuto contaba. La experiencia de eventos pasados, grabada en la memoria colectiva, demandaba una respuesta ágil y coordinada. Un equipo de expertos de ambas instancias se movilizó de inmediato para monitorear la presa. La tensión se podía palpar en el ambiente. Con cada medición, la urgencia se hacía más evidente. Finalmente, la decisión se tomó: se procedería a la apertura controlada de las compuertas. Una maniobra delicada, que requería precisión y pericia, para liberar el agua acumulada sin poner en riesgo a la población.
La apertura de las compuertas marcó el inicio de una intensa labor conjunta. Brigadas de la Unidad de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, junto con cuadrillas de la Dirección de Obras y de la Dirección de Servicios Urbanos, se desplegaron estratégicamente en los vasos reguladores y las principales vialidades vulnerables a inundaciones. Su misión: contener la fuerza del agua, minimizar los daños y, sobre todo, proteger a la ciudadanía. Equipados con herramientas y maquinaria especializada, trabajaron sin descanso, enfrentándose a las inclemencias del tiempo y a la adversidad del terreno.
La avenida Río Tacubaya, a la altura del cruce con Anillo Periférico, se convirtió en uno de los puntos críticos. El agua, turbia y caudalosa, alcanzó hasta 50 centímetros de altura, impidiendo el tránsito vehicular y generando caos en la zona. La escena era dantesca: autos varados, el agua cubriendo las banquetas y la preocupación reflejada en los rostros de los transeúntes. Sin embargo, la respuesta de los equipos de emergencia no se hizo esperar. Con una eficiencia admirable, retiraron lodo y escombros de las rejillas pluviales, liberando el flujo del agua y restableciendo la movilidad en un tiempo récord de menos de dos horas. Una muestra palpable de la importancia de la preparación y la coordinación ante situaciones de emergencia.
En la colonia El Piru, la calle Pinos se convirtió en otro frente de batalla. La Dirección de Operación Hidráulica encabezó una intensa labor de desazolve, combatiendo la acumulación de agua y lodo que amenazaba con inundar las viviendas. La dedicación y el esfuerzo de los trabajadores fueron encomiables. Conscientes de la angustia de los vecinos, trabajaron incansablemente hasta que la situación estuvo bajo control.
La emergencia, aunque controlada, aún no ha terminado. Las autoridades mantienen guardias permanentes y patrullajes meteorológicos, vigilando de cerca la evolución del clima. La amenaza de nuevas precipitaciones se cierne sobre la ciudad, manteniendo a todos en alerta. La naturaleza ha dado una muestra de su poder, recordándonos la importancia de la prevención y la necesidad de estar preparados para enfrentar los desafíos que nos presenta. La respuesta coordinada de las diferentes instancias gubernamentales, así como la dedicación y el compromiso de los trabajadores en el campo, han sido cruciales para mitigar los efectos de esta contingencia. La ciudad, herida pero no vencida, se recupera lentamente, demostrando una vez más su resiliencia y su capacidad para sobreponerse a la adversidad.
Fuente: El Heraldo de México