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17 de junio de 2025 a las 09:20

Nutre tu corazón, vive feliz.

La vida, un suspiro, un latido. Ese primer pulso, aún envuelto en el misterio de la creación, marca el inicio de un viaje asombroso. Imaginen, un corazón diminuto, latiendo en la oscuridad del vientre materno, ¡el motor de una existencia que apenas comienza! Un órgano tan pequeño, con la fuerza titánica de impulsar la vida, de distribuir la energía que esculpirá un ser humano. Tres mil quinientos millones de veces. Esa es la cifra monumental de latidos que, en promedio, dará un corazón a lo largo de una vida. Cada pulsación, un testimonio de la perseverancia de la vida, una sinfonía silenciosa que nos acompaña desde el primer aliento hasta el último suspiro.

Sin embargo, este milagro de la vida, a veces, nace con una sombra. En México, miles de bebés llegan al mundo con una cardiopatía congénita, una falla en ese motor vital que necesita atención urgente. Imaginen la angustia de las familias que enfrentan este diagnóstico, la carrera contra el tiempo para encontrar la ayuda que sus pequeños necesitan. La mitad de estos niños requiere cirugía o tratamiento especializado en su primer año de vida. Un primer año, que debería estar lleno de sonrisas y primeras veces, se convierte en una batalla por la supervivencia. Y aunque la ciencia y la medicina avanzan a pasos agigantados, aún existen barreras que impiden que todos estos pequeños guerreros reciban la atención que merecen. La distancia, la falta de recursos, la centralización de los servicios médicos en las grandes ciudades… obstáculos que se alzan como muros infranqueables para muchas familias.

En medio de la tormenta, un rayo de esperanza: Fundación Lilo. Nacida en el corazón de la pandemia, cuando el sistema de salud se tambaleaba bajo la presión, Lilo emerge como un faro en la oscuridad. Su misión: detectar a tiempo las cardiopatías congénitas y brindar atención oportuna, para que la vida de estos pequeños no se vea truncada por la falta de recursos o la demora en el diagnóstico. No se trata solo de curar corazones, sino de sanar familias, de tejer redes de apoyo que sostengan a los padres y madres en este camino difícil. Lilo entiende que detrás de cada pequeño corazón hay una familia que sufre, que espera, que ama. Por eso, además de la atención médica, ofrecen acompañamiento psicológico, un bálsamo para el alma en momentos de incertidumbre y dolor.

Programas como Corazón Contento, Tamizaje Cardíaco Neonatal y Manos al Corazón son la materialización de esta lucha incansable. Desde el financiamiento de traslados y consultas hasta la dotación de equipo médico especializado a hospitales en zonas marginadas, Lilo trabaja para construir un futuro donde todos los niños con cardiopatías congénitas tengan la oportunidad de vivir una vida plena. No se trata solo de parchear un corazón, sino de brindarles la posibilidad de correr, de jugar, de soñar, de crecer. De escribir su propia historia, con un corazón fuerte y lleno de vida.

Quinientos familias. Ese es el número de familias que Lilo ha acompañado en estos años. Quinientos testimonios de resiliencia, de amor incondicional, de esperanza renovada. Historias que nos recuerdan la importancia de la solidaridad, de la empatía, de la unión en la lucha por un mundo mejor. Porque cada latido cuenta, cada vida importa. Y cada pequeño corazón merece la oportunidad de latir con fuerza, de inyectar vida a un mundo que necesita más que nunca de esperanza y amor. ¿Te unes a esta causa? ¿Te sumas a la lucha por reparar corazones y construir un futuro donde todos los niños tengan la oportunidad de vivir y amar? Visita lilomexico.org y descubre cómo puedes ser parte de este milagro.

Fuente: El Heraldo de México