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17 de junio de 2025 a las 07:35

Magia de MJ bajo la lluvia en CDMX

La caótica sinfonía de cláxones y el incesante tamborileo de la lluvia sobre los techos de los coches no fueron suficientes para apagar el ritmo que latía en el corazón de este singular bailarín. Este lunes, mientras la ciudad se vestía de gris y el agua anega las calles, un destello de alegría irrumpió en la monotonía del tráfico citadino. Cerca de la emblemática avenida Insurgentes Sur, un hombre, armado con una pequeña bocina portátil y una sombrilla que protegía más que a él, a la música que lo inspiraba, transformó un anegado cruce en un improvisado escenario. Las notas inconfundibles de "Beat It" y "Black or White" de Michael Jackson resonaron en el aire, un bálsamo sonoro contra el rugido del caos urbano.

Con la destreza de un artista curtido, desafió el pavimento resbaladizo y las inclemencias del clima. Cada giro, cada paso, cada deslizamiento, una oda a la música del rey del pop. No importaba el agua que empapaba sus ropas, ni la mirada curiosa de los conductores atrapados en el tráfico. Él, ajeno a todo, se entregaba al ritmo con una pasión contagiosa. Su rostro, apenas visible bajo la llovizna, reflejaba la alegría pura de quien encuentra en el arte un refugio, una forma de expresión, una vía de escape.

Entre semáforo y semáforo, aprovechaba la pausa para acercarse a los vehículos y solicitar una cooperación. No era una exigencia, sino una invitación a formar parte de su efímera obra de arte. Una pequeña contribución para mantener viva la llama de la música y la danza en medio del diluvio.

Este anónimo bailarín, con su peculiar estilo y su admirable perseverancia, ha trascendido la categoría de artista callejero para convertirse en un símbolo de la resiliencia citadina. En una ciudad acostumbrada a la prisa, al ruido ensordecedor y al estrés cotidiano, su presencia es un recordatorio de que la belleza puede encontrarse en los lugares más inesperados. Su danza bajo la lluvia es una metáfora de la vida misma: a pesar de las adversidades, siempre hay espacio para la alegría, para la música, para el arte.

Su historia, aunque simple, resuena con fuerza en el corazón de los capitalinos. Es un testimonio de la capacidad del ser humano para transformar la adversidad en oportunidad, para encontrar la luz incluso en los días más grises. Es un ejemplo de cómo la pasión por el arte puede romper las barreras de lo cotidiano y convertir un simple cruce inundado en un escenario mágico, un oasis de ritmo y alegría en medio del incesante fluir de la gran ciudad. ¿Quién será este misterioso bailarín que desafía la lluvia y el tráfico con su arte? Tal vez nunca lo sepamos, pero su legado, aunque efímero, permanecerá en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de presenciar su singular espectáculo. Un recordatorio de que la magia, a veces, se encuentra en los rincones más inesperados, esperando ser descubierta bajo el ritmo de una canción y el compás de la lluvia.

Fuente: El Heraldo de México