Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Justicia

17 de junio de 2025 a las 05:00

Justicia para [Nombre de la madre/hijo/a] en Durango

La indignación se palpa en el aire, espesa como el humo que aún se disipa tras la quema de las piñatas. Un humo que lleva los nombres de los jueces Margarito Galavis, Julio Silva y Cecilia Fernández, nombres que ahora se pronuncian con rabia y desconfianza en Gómez Palacio, Durango. Fabiola, la madre de Dana, una niña de 13 años cuya vida fue brutalmente violentada, permanece firme en su plantón frente al Palacio de Justicia. Su voz, aunque quebrada por el dolor y la impotencia, resuena con la fuerza de una leona defendiendo a su cría. La absolución del presunto agresor, Alejandro N., dueño del restaurante donde trabajaba Dana, ha desatado una ola de protestas que ha paralizado la ciudad.

El relato de Fabiola hiela la sangre. Describe la escena que la marcó para siempre: su hija inconsciente en una camioneta, el presunto agresor con los pantalones abajo. Dos años de lucha, dos años de un proceso judicial que culminó en una sentencia incomprensible, sin argumentos sólidos, según la madre. La justicia, esa entidad abstracta en la que tantas familias depositan su esperanza, les ha fallado. No solo a Dana, sino a todas las mujeres que han sufrido la misma violencia, la misma impunidad.

Las Víboras del Desierto, colectivo feminista de La Laguna, se han unido a Fabiola en su lucha. Juntas han levantado un plantón que se ha convertido en el epicentro de la resistencia. La avenida Morelos, una arteria principal de Gómez Palacio, ha sido testigo de su indignación, del clamor por justicia que ha paralizado el tráfico y ha obligado a abogados, personal judicial y ciudadanos a sortear las barricadas. El caos vial es un reflejo del caos interno, de la fractura que la impunidad ha generado en el tejido social.

El testimonio de Yamilet, otra víctima del presunto acoso del juez Galavis, añade una capa más de complejidad al caso. Su voz se une a la de Fabiola, amplificando la denuncia, señalando no solo a un individuo, sino a un sistema que parece proteger a los agresores y revictimizar a quienes se atreven a alzar la voz. La lucha de Fabiola ya no es solo por Dana, es por todas las mujeres silenciadas, por todas las que temen denunciar.

Mientras tanto, Dana, la niña de 13 años cuyo nombre se ha convertido en un grito de guerra, se refugia en el silencio de su hogar. El trauma la aprisiona, le roba la alegría, la posibilidad de una vida normal. La absolución de su agresor ha profundizado sus heridas, la ha empujado a un abismo de miedo y desconfianza. Fabiola, además de luchar por justicia, debe librar otra batalla: la de reconstruir la vida de su hija, de sanar las heridas invisibles que la violencia ha dejado en su alma.

El plantón continúa, las mantas con la leyenda "Justicia para Dana" ondean al viento, un altar simbólico recuerda la fragilidad de la vida y la urgencia de un cambio. La lucha de Fabiola es un espejo que refleja la realidad de muchas mujeres en México y en el mundo. Una lucha que no se apagará hasta que la justicia deje de ser una promesa vacía y se convierta en una realidad tangible. La pregunta que resuena en las calles de Gómez Palacio es un eco que se extiende por todo el país: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la impunidad seguirá reinando?

Fuente: El Heraldo de México