17 de junio de 2025 a las 23:40
El trágico final de una estrella olvidada
La historia de Hollywood está plagada de luces y sombras, de sueños alcanzados y esperanzas rotas. Un nombre que resuena en los anales de la tragedia hollywoodense es el de Peg Entwistle, una joven actriz cuyo destino se entrelazó con el icónico letrero que simboliza la meca del cine. Nacida en Gales en 1908, Millicent Lilian Entwistle, conocida como Peg, emigró a Estados Unidos con su familia, llevando consigo una pasión innata por la actuación. Desde temprana edad, deslumbró en los escenarios teatrales, debutando a los 17 años y labrándose un nombre en Broadway durante la década de 1920. Su talento para encarnar personajes complejos y emotivos la catapultó al éxito, alimentando el sueño de conquistar la gran pantalla.
En 1932, atraída por el brillo de Hollywood, Peg se mudó a Los Ángeles, firmando un contrato con RKO Pictures. Este hito, que prometía ser el inicio de una carrera estelar, se convirtió en el preludio de una desgarradora historia. Su participación en la película "Thirteen Women" se redujo a una fugaz aparición de 15 segundos, una cruel muestra del despiadado sistema de estudios que imperaba en la época. La competencia feroz y la saturación de aspirantes a estrellas crearon un ambiente asfixiante, donde el talento a menudo se veía eclipsado por la suerte y las conexiones.
Para Peg, la brevedad de su aparición en "Thirteen Women" representó más que una simple decepción profesional. Fue un golpe devastador a su autoestima y a sus aspiraciones. La industria, que prometía sueños dorados, la había descartado sin contemplaciones. Sumida en una profunda depresión, la joven actriz se vio atrapada en una espiral de desesperanza.
La noche del 16 de septiembre de 1932, Peg abandonó la casa de su tío con la excusa de encontrarse con amigos. En cambio, se dirigió al letrero de Hollywoodland, un símbolo irónico de sus sueños rotos. Escalando la letra "H", se lanzó al vacío, poniendo fin a su vida a los 24 años. Una nota de suicidio encontrada en su bolso expresaba su dolor y desesperación: "Tengo miedo, soy una cobarde. Lo siento. Si hubiera hecho esto hace mucho tiempo me hubiera ahorrado mucho dolor".
Días después de su trágica muerte, una carta llegó a la casa de su tío. Contenía una oferta para un papel protagónico en una obra de teatro en Beverly Hills, irónicamente, interpretando a una mujer que se suicidaba. Un cruel giro del destino que acentuó la tragedia de su historia.
El funeral de Peg Entwistle se celebró el 20 de septiembre de 1932, con la asistencia de alrededor de cien personas, incluyendo figuras del mundo del espectáculo. Sus restos fueron cremados y trasladados a Ohio. Su historia, sin embargo, se negó a desvanecerse en el olvido.
Con el paso del tiempo, Peg Entwistle se convirtió en una figura legendaria, un símbolo de los sueños truncados y la crueldad de Hollywood. Su trágica historia ha sido objeto de documentales, películas y canciones, manteniéndola viva en la memoria colectiva. Se dice que su espíritu ronda el letrero de Hollywood, apareciendo como una mujer rubia con el aroma de gardenias, su perfume favorito. Avistamientos que, reales o imaginarios, contribuyen a la mística que rodea su figura.
La historia de Peg Entwistle nos recuerda la fragilidad de los sueños y la importancia de la salud mental, especialmente en un entorno tan competitivo como la industria del entretenimiento. Su legado, más allá de la tragedia, sirve como una advertencia sobre los peligros de la fama efímera y la necesidad de brindar apoyo a quienes luchan por alcanzar sus metas en un mundo que a menudo se muestra indiferente al sufrimiento humano.
Fuente: El Heraldo de México