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18 de junio de 2025 a las 02:15

El primer eclipse solar artificial

Un hito histórico se ha escrito en las páginas de la exploración espacial. La Agencia Espacial Europea (ESA) ha logrado lo inimaginable: recrear un eclipse solar, no en la Tierra, sino en la inmensidad del espacio. Imaginen dos satélites, Cronograph y Occulter, danzando en una coreografía cósmica a 150 metros de distancia, con una precisión milimétrica, como si fueran una sola entidad. Esta proeza tecnológica, fruto de años de investigación y desarrollo dentro del Programa General de Tecnología de Apoyo de la ESA, ha culminado en la misión ASPIICS, un proyecto que promete revolucionar nuestra comprensión del Sol.

Las primeras imágenes, publicadas recientemente, son un testimonio de este logro sin precedentes. Muestran la corona solar, ese halo de plasma que rodea a nuestra estrella, con una nitidez nunca antes vista. Observar la corona es fundamental para entender el viento solar, ese flujo constante de partículas que baña nuestro sistema solar, y las eyecciones de masa coronal (CME), esas explosiones solares que pueden afectar a las comunicaciones y los sistemas de navegación en la Tierra. Recordemos el incidente de mayo de 2024, un claro ejemplo de la potencia de estos fenómenos.

Proba-3, la misión que alberga a Cronograph y Occulter, no solo representa un avance tecnológico en términos de vuelo en formación, sino que también nos brinda una herramienta invaluable para estudiar el Sol. Durante horas, estas dos naves espaciales han volado en formación, sin necesidad de intervención desde la Tierra, manteniendo una alineación perfecta. Occulter, con su disco de 1,4 metros, ha eclipsado al Sol para Cronograph, proyectando una sombra de 8 centímetros sobre su instrumento óptico, ASPIICS. Este instrumento, desarrollado por un consorcio liderado por el Centro Espacial de Lieja, en Bélgica, es capaz de capturar imágenes de la corona solar sin la interferencia de la luz solar directa.

La precisión alcanzada por Proba-3 es asombrosa. Imaginen la dificultad de mantener dos satélites alineados con una precisión milimétrica a 150 metros de distancia, mientras orbitan la Tierra a miles de kilómetros por hora. Es una demostración palpable del ingenio humano y la capacidad de superar los límites de la exploración espacial. Diez eclipses artificiales se han realizado hasta la fecha, uno de ellos con una duración de más de cinco horas. Estos eclipses espaciales, más allá de su belleza intrínseca, nos ofrecen una oportunidad única para desentrañar los misterios del Sol y comprender su influencia en nuestro planeta.

Las implicaciones de esta misión son vastas. Desde la predicción de eventos solares que puedan afectar a la Tierra, hasta la comprensión de la física fundamental que rige el comportamiento de las estrellas, Proba-3 abre una nueva ventana al conocimiento. Además, las tecnologías desarrolladas para esta misión, como los sistemas de navegación y posicionamiento de alta precisión, tendrán aplicaciones en futuras misiones espaciales y en otros ámbitos tecnológicos. El éxito de Proba-3 es un triunfo para la ciencia, la tecnología y la colaboración internacional, y nos recuerda el poder de la innovación y la perseverancia en la búsqueda del conocimiento. Es un paso más en nuestro viaje para comprender el universo que nos rodea y nuestro lugar en él.

Fuente: El Heraldo de México