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17 de junio de 2025 a las 09:35

El Fin de la República

La erosión de la democracia mexicana es un tema que nos debe preocupar a todos. No se trata de una simple diferencia ideológica o política, sino de un ataque sistemático a los pilares que sostienen nuestra convivencia pacífica y nuestro progreso como nación. La transición pacífica del poder, la construcción de instituciones sólidas y la justicia social, conquistas arduamente logradas a lo largo de nuestra historia, se ven amenazadas por un populismo autoritario que busca concentrar el poder y silenciar las voces disidentes.

El discurso populista, con su retórica simplista y sus promesas vacías, ha logrado seducir a una parte de la población, aprovechando el descontento social y la legítima aspiración a una vida mejor. Sin embargo, detrás de las palabras grandilocuentes se esconde una agenda que busca desmantelar las instituciones democráticas y someterlas al control del caudillo. La corrupción, la inseguridad y la pobreza, males que se prometía combatir, no han disminuido, sino que se han agravado bajo la sombra de un gobierno que prioriza el control sobre la eficacia.

La reforma judicial, impuesta a través de un proceso electoral cuestionable, con una participación ciudadana mínima y un evidente control oficialista, es un ejemplo claro de la deriva autoritaria que estamos viviendo. La independencia del Poder Judicial, garante de nuestros derechos y libertades, se ve comprometida por la designación de ministros afines al poder ejecutivo. Esto genera un clima de incertidumbre y desconfianza, que afecta no solo a los ciudadanos, sino también a la inversión y a las relaciones comerciales con otros países.

Es preocupante la pasividad con la que algunos sectores de la sociedad han reaccionado ante estos acontecimientos. La tibieza de la oposición, la complacencia del empresariado y la resignación de una parte de la ciudadanía han facilitado el avance del autoritarismo. Necesitamos liderazgos fuertes y comprometidos con la defensa de la democracia, capaces de levantar la voz y movilizar a la sociedad en defensa de sus derechos.

La historia nos enseña que las democracias no mueren de un día para otro, sino a través de un proceso gradual de erosión de sus instituciones y valores. Es fundamental estar alerta y denunciar cualquier intento de socavar los pilares de nuestra convivencia democrática. No podemos permitir que el populismo autoritario destruya lo que tanto nos ha costado construir. El futuro de México está en juego, y es responsabilidad de todos defenderlo.

La apatía y la indiferencia son los mejores aliados del autoritarismo. No podemos permitir que el miedo nos paralice. Es momento de alzar la voz, de organizarnos y de exigir respeto a nuestras instituciones y a nuestros derechos. La democracia es un bien preciado que debemos proteger con firmeza y determinación. El silencio nos hace cómplices de la destrucción de nuestra propia libertad.

Fuente: El Heraldo de México