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17 de junio de 2025 a las 12:45

Descubre el brillo oculto de Gante

Un paseo por la calle de Gante es un viaje a través del tiempo, un recorrido por casi dos siglos de historia entretejida con la trama urbana del corazón de la Ciudad de México. Imaginen, por un momento, el imponente Monasterio de San Francisco, un gigante arquitectónico que dominaba el paisaje donde hoy se extiende la calle de Madero. Su desmembramiento, a mediados del siglo XIX, dio origen a esta pequeña arteria, bautizada en honor a Fray Pedro de Gante, el misionero franciscano que dedicó su vida a la defensa y educación de los indígenas. La elección del nombre, un homenaje impulsado por el erudito Joaquín García Icazbalceta, no fue casualidad. Representa un lazo transatlántico, un vínculo entre la naciente nación mexicana y la tierra natal del fraile, la ciudad belga de Gante, que años más tarde sellaría esta conexión con la donación de la escultura de bronce que hoy podemos admirar cerca del cruce con Venustiano Carranza.

Este regalo, inaugurado en 1976, no sólo inmortaliza la figura del religioso, sino que simboliza la amistad entre dos naciones separadas por la geografía, pero unidas por la historia. La figura del fraile, con su mirada serena y su porte protector, nos recuerda su incansable labor en la Nueva España, su aprendizaje de las lenguas indígenas y su empeño en introducir el arte de la música en sus vidas.

Imaginen el bullicio de carruajes y transeúntes que alguna vez recorrieron el asfalto de Gante. Difícil de concebir ahora, ¿verdad? En 1970, la calle experimentó una transformación radical. Como parte de un ambicioso programa de peatonalización del Centro Histórico, Gante, junto con otras arterias como Condesa, Marconi, Motolinía, Palma y Xicoténcatl, cambió el rugido de los motores por el murmullo de los pasos, el asfalto por la nobleza de los adoquines.

A pesar de su reducido tamaño, Gante siempre ha sido un hervidero de actividad. Desde sus inicios, ha sido testigo del ir y venir de comerciantes, artistas y personajes de todo tipo. El imponente edificio High Life, una joya arquitectónica de estilo art déco, se alza majestuoso en la esquina con Madero. Inaugurado en 1922, este emblemático edificio albergó uno de los almacenes de ropa y regalos más prestigiosos de la ciudad, atrayendo a la élite capitalina con sus productos exclusivos y su ambiente sofisticado.

En el extremo opuesto, donde Gante se encuentra con Carranza, se erige el antiguo edificio de la Compañía de Luz y Fuerza, una construcción que ha sido testigo de la transformación de la ciudad, pasando de proveer energía a albergar una institución bancaria. Estos edificios, junto con otros establecimientos como la Iglesia Metodista “La Santísima Trinidad” y el legendario Bar Gante, con su evocador lema "El lugar de la gente elegante", nos hablan de una época de glamour y sofisticación, de una ciudad en constante evolución.

La historia de Gante no se limita a sus edificios y comercios. Es la historia de la gente que la ha transitado, de los encuentros fortuitos, de las conversaciones animadas, del ritmo vibrante de la vida urbana. Cada adoquín, cada fachada, cada rincón guarda un fragmento del pasado, esperando ser descubierto por aquellos que se detienen a observar, a escuchar, a sentir el pulso de esta calle que, a pesar de su corta longitud, encierra una larga y fascinante historia.

Fuente: El Heraldo de México