17 de junio de 2025 a las 09:40
Aves Reales Españolas
El fantasma de la autocracia parece rondar el mundo, susurrando promesas de orden y eficiencia al oído de democracias fatigadas. Desde las urnas, figuras electas ascienden con el manto de la esperanza, pero una vez en el poder, la transformación es inquietante. Se olvidan del pueblo que los elevó, se embriagan con la autoridad y gobiernan con la arrogancia de monarcas absolutos. Donald Trump, en un hipotético 2025, se erige como el ejemplo paradigmático de esta metamorfosis. El 250º aniversario del ejército estadounidense, coincidentemente con su cumpleaños, se convierte en el pretexto para un despliegue de poderío militar, un desfile desangelado que, paradójicamente, revela la profunda desconexión entre el gobernante y la realidad de su nación.
La respuesta popular no se hace esperar. Las redadas del ICE, los abusos contra la población migrante y las crecientes desigualdades sociales encienden la mecha de la protesta. El movimiento "No Kings" emerge como un grito desesperado, un dique contra la marea autoritaria. No solo se cuestionan las políticas migratorias, sino también los turbios manejos económicos que benefician a la élite gobernante. Los hijos de Trump, convertidos en príncipes herederos de un imperio económico construido a la sombra del poder, personifican el conflicto de intereses que carcome la legitimidad del sistema. Criptomonedas, empresas de telefonía móvil… la fortuna familiar florece mientras el país se desangra. Un paralelismo escalofriante con la realidad mexicana, donde la austeridad predicada se desvanece ante el enriquecimiento inexplicable de allegados al poder. El "vivir fuera del presupuesto es vivir en el error" se convierte en una máxima vacía, un eco burlón de la corrupción que se enquista en las altas esferas.
El desfile militar, un espectáculo inédito en la tradición estadounidense, se estima en 45 millones de dólares, una cifra que evoca los fastuosos mítines políticos en el Zócalo capitalino. La similitud no es casual. Más allá de las diferencias ideológicas, el objetivo es el mismo: alimentar el ego presidencial a costa del erario público. Mientras Trump exhibe misiles, otros mandatarios ostentan símbolos de poder menos ostentosos, pero igualmente costosos para las naciones que gobiernan.
La polarización política, exacerbada por el discurso del odio y la desinformación, se traduce en violencia. El mismo día del desfile, un doble crimen político sacude a Minnesota. Una congresista demócrata y su esposo son asesinados, un senador local resulta herido. El silencio de Trump, ensimismado en su celebración, es un síntoma de la indiferencia del poder ante el sufrimiento del pueblo.
El espectro del autoritarismo se extiende por el globo. Putin, aferrado a su conquista de Ucrania, felicita a Trump. Petro, en Colombia, se desvanece en medio de la creciente violencia. Maduro, en Venezuela, manipula la Navidad como herramienta política. Díaz-Canel, en Cuba, somete a su pueblo a apagones informativos. La lista de "reyezuelos" es larga, su modus operandi similar: manipular, dividir, reprimir. No gobiernan para el bien común, sino para satisfacer su ambición de poder y asegurar la prosperidad de su descendencia.
Mientras tanto, en México, Pemex pierde 70 millones de pesos cada hora. La austeridad se reduce a un viaje en avión comercial de la presidenta Sheinbaum a Canadá, un ahorro insignificante frente a la hemorragia financiera de la petrolera. La resurrección de Mexicana de Aviación, un proyecto cargado de pérdidas millonarias, se convierte en otro ejemplo de la gestión errática de los recursos públicos. Cerrar la aerolínea, una medida lógica y necesaria, se posterga ante la terquedad del poder.
La pregunta que resuena es: ¿cuánto tiempo más tolerarán los pueblos el yugo de estos reyezuelos? ¿Cuándo despertarán del letargo y exigirán un cambio real, una democracia que no sea una máscara para la autocracia? El futuro, incierto y amenazante, depende de la respuesta.
Fuente: El Heraldo de México