16 de junio de 2025 a las 09:51
WhatsApp: ¿Censura o ley?
La sombra de la censura se cierne nuevamente sobre el panorama informativo, una presencia inquietante que, en realidad, nunca se ha desvanecido por completo. Si bien en los años 80 el control informativo se ejercía de forma directa y palpable, limitando la libertad de los medios para generar su propia información, hoy en día se manifiesta de maneras más sutiles, pero igualmente preocupantes. La reciente desaparición del INAI, por ejemplo, pone en jaque los mecanismos de acceso a la información, herramientas cruciales para el periodismo de investigación y la labor de los medios de comunicación. A esto se suma la incertidumbre que genera la Ley de Telecomunicaciones y la reciente aprobación en Puebla de una normativa que, bajo la apariencia de legalidad, podría encubrir un sofisticado mecanismo de censura.
Sin embargo, la censura no se limita a las leyes y las instituciones. Asistimos a un preocupante aumento de actitudes autoritarias por parte de algunos gobernantes, quienes, sin necesidad de recurrir a leyes o organismos, silencian a la prensa a través de la indiferencia y la evasión. Llamadas sin respuesta, conversaciones de WhatsApp ignoradas, una dinámica que revela la creencia errónea de que las redes sociales son suficientes para comunicar, subestimando el papel fundamental que siguen desempeñando los medios de comunicación tradicionales. Estos gobernantes parecen olvidar una verdad fundamental: los medios permanecen, mientras que los cargos políticos son temporales. El poder es efímero, un préstamo que tarde o temprano debe devolverse. Recuerdo las palabras de un secretario, años atrás: "Alfredo, los cargos son para hacer amigos y apoyar a la gente, porque por eso nos pagan". Lamentablemente, algunos de los que hoy ocupan posiciones de poder parecen haber olvidado esta premisa, ignorando a la ciudadanía y a los medios, en la errónea convicción de que su despacho es la fuente de la verdad absoluta. No solo eso, sino que recurren a amenazas y presiones para intentar controlar la narrativa mediática, especialmente cuando las noticias reflejan una realidad que contradice las cifras oficiales de su gestión.
El verdadero deber de un político no es posar para un TikTok barriendo calles o pintando banquetas. Su obligación es salir a la calle a escuchar, a comprender las problemáticas cotidianas de la gente, a conectar con la realidad que a menudo se les escapa desde la comodidad de sus camionetas blindadas y el aislamiento que les imponen sus asesores y escoltas. La censura actual no solo se ejerce a través de leyes e instituciones, sino también mediante actitudes frívolas y prepotentes, tanto de los políticos como de sus equipos de comunicación.
Recientemente, leía una columna del Dr. Guillermo Velasco en la que cuestionaba el nombramiento del nuevo Director de Comunicación Social en Guadalajara, quien anteriormente ocupó el mismo cargo durante la administración estatal de Enrique Alfaro. Coincido con el Dr. Velasco en que este nuevo director enfrenta un gran desafío. Guadalajara no es Jalisco, y la estrategia de comunicación debe basarse en la construcción de puentes, no en la amenaza o la indiferencia hacia los medios y los líderes de opinión. Solo el tiempo y los resultados dirán si la estrategia de comunicación implementada por la presidenta municipal y los cambios realizados son acertados o no. El futuro nos revelará si este nombramiento fue un acierto o un error.
Fuente: El Heraldo de México