16 de junio de 2025 a las 09:50
Los aliados de Sheinbaum
La aparente calma en el escenario político mexicano se resquebraja. Tras bambalinas, el rumor de una revuelta interna dentro del partido oficialista, Morena, cobra fuerza. La falta de control y coordinación se hace evidente, exacerbada por la creciente tensión con el gobierno de Estados Unidos. Las redadas y detenciones de migrantes mexicanos han desatado la indignación, pero también han expuesto la profunda división dentro del partido en el poder.
Mientras la Presidenta y la Cancillería luchan por mantener la compostura y preservar la crucial relación con Estados Unidos –pilar económico, social y político para México–, algunos sectores de Morena parecen remar en dirección contraria. Sus acciones, lejos de contribuir a la resolución del conflicto, avivan las llamas de la discordia. La prudencia que exige la situación se ve socavada por arrebatos impulsivos que ponen en peligro la estabilidad bilateral.
El llamado de la Presidenta a la mesura en redes sociales, a “dejar de hacer política en la red X”, cae en oídos sordos. La irresponsabilidad de ciertos actores políticos, escudados en una supuesta solidaridad con los migrantes, se traduce en ataques directos al gobierno estadounidense, personificado en la figura de Donald Trump. Estas provocaciones, lejos de ayudar a la causa migrante, enrarecen aún más el clima político y dificultan la labor diplomática.
El caso de la consejera estatal de Morena en Jalisco, Melissa Cornejo, ilustra a la perfección esta dinámica destructiva. Su exabrupto dirigido al gobierno estadounidense, un insulto que resonó con fuerza en redes sociales, provocó un choque público con el ex embajador Christopher Landau, quien recientemente se había reunido con la propia Sheinbaum en Palacio Nacional. El incidente puso de manifiesto la falta de disciplina dentro del partido y la desconexión entre las bases y la cúpula.
La reacción del gobierno estadounidense no se hizo esperar. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, acusó directamente a la Presidenta de México de incitar las protestas que se extendían por varias ciudades de Estados Unidos. Mientras Sheinbaum intentaba enfriar los ánimos, algunos morenistas echaban leña al fuego en redes sociales, creando una cacofonía de voces que dificultaba la comunicación y la búsqueda de soluciones. Incluso la presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, se desmarcó públicamente de las declaraciones de la consejera jalisciense.
A pesar de la controversia y de la presión ejercida por figuras de peso dentro del partido, Cornejo no se retractó. Su justificación, centrada en la “forma” y no en el “fondo” de su mensaje, evidencia la falta de autocrítica y la resistencia a asumir la responsabilidad por las consecuencias de sus actos. La ausencia de una llamada al orden por parte de la dirigencia de Morena alimenta la percepción de un partido fracturado, incapaz de controlar a sus propias filas.
En este contexto de caos y descontrol, la postura del presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, añade más leña al fuego. Su llamado a la movilización, no solo por las remesas sino también por las detenciones en Los Ángeles, contrasta con la estrategia de diálogo y negociación impulsada por la Presidenta. La reivindicación de territorios estadounidenses como California, Texas y Nuevo México, realizada previamente por el mismo Noroña, contribuye a la escalada de tensión y dificulta la construcción de puentes entre ambos países.
La próxima participación de la Presidenta en la Cumbre del G7, y en particular su encuentro con Donald Trump, se convierte en una prueba de fuego. La relación bilateral se encuentra en un punto crítico, y la capacidad de la Presidenta para recomponerla se ve amenazada por las acciones irresponsables de algunos miembros de su propio partido. Este escenario complejo obliga a Sheinbaum a evaluar cuidadosamente sus alianzas y a distinguir entre quienes suman y quienes restan en su esfuerzo por restablecer la confianza y la cooperación con Estados Unidos. La pregunta que queda en el aire es si, con "amigos" así, necesita enemigos.
Fuente: El Heraldo de México