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16 de junio de 2025 a las 09:50

Frena las redadas, impulsa la economía

La historia de la migración mexicana a Estados Unidos es una narrativa tejida con hilos de perseverancia, sacrificio y una innegable contribución a la economía estadounidense. Lejos de las narrativas simplistas que a veces dominan el discurso público, los datos nos revelan una realidad mucho más compleja y rica. Millones de mexicanos, hombres y mujeres, cruzan la frontera en busca de oportunidades, no solo para sí mismos, sino también para sus familias que permanecen en México. Sus remesas, el fruto de su trabajo incansable, se convierten en un salvavidas económico para comunidades enteras, impulsando el desarrollo local y sosteniendo la economía familiar.

Imaginemos por un momento la magnitud de esta fuerza laboral: más de 7.5 millones de mexicanos trabajando en Estados Unidos, casi el 5% de la fuerza laboral total de ese país. Su participación en sectores clave como la agricultura, la construcción y los servicios es fundamental. Son ellos quienes cosechan los alimentos que llegan a las mesas de millones de estadounidenses, quienes levantan los edificios que conforman el paisaje urbano y quienes prestan servicios esenciales en restaurantes, hoteles y hospitales. Sin su aporte, la economía estadounidense simplemente no funcionaría de la misma manera.

Y no se trata solo de la cantidad de trabajadores, sino también de su impacto económico. La masa salarial generada por los trabajadores migrantes mexicanos en Estados Unidos alcanza cifras asombrosas, representando una parte significativa del PIB de México. Este dinero, ganado con esfuerzo y dedicación, no solo beneficia a las familias mexicanas, sino que también contribuye a la economía estadounidense a través del consumo, la inversión y el pago de impuestos.

Es crucial entender que la migración no es un fenómeno aislado, sino una respuesta a desigualdades económicas y a la falta de oportunidades. Las personas migran en busca de una vida mejor, de la posibilidad de ofrecer un futuro más prometedor a sus hijos. Es un acto de valentía y de esperanza, y es fundamental reconocer la dignidad y el valor de cada uno de estos trabajadores.

Ante la retórica divisiva que a veces se utiliza para estigmatizar a la comunidad migrante, es importante recordar la enorme contribución que los mexicanos han hecho y siguen haciendo a la economía y a la sociedad estadounidense. En lugar de levantar muros y imponer barreras, deberíamos buscar soluciones que reconozcan la importancia de la migración y que faciliten la integración de los migrantes en la sociedad.

La propuesta de implementar un impuesto a las remesas es no solo injusta, sino también contraproducente. Castigaría a las familias que dependen de estas remesas para sobrevivir y desincentivaría el envío de dinero a México, lo que tendría un impacto negativo en la economía de ambos países.

En lugar de buscar formas de penalizar a los migrantes, deberíamos enfocarnos en crear puentes de cooperación y en promover el desarrollo económico en ambos lados de la frontera. Solo así podremos construir un futuro más justo y próspero para todos. La migración no es un problema, sino una oportunidad. Es tiempo de reconocer el valor de los trabajadores migrantes y de trabajar juntos para crear un mundo más inclusivo y equitativo.

Fuente: El Heraldo de México