Inicio > Noticias > Psicología Infantil
16 de junio de 2025 a las 09:50
Domina tu Ira: Encuentra la Paz Interior
El enojo, esa chispa que nos impulsa a defendernos, a proteger lo que amamos, es una herramienta innata, calibrada para responder proporcionalmente a las amenazas. Sin embargo, a menudo confundimos esta emoción vital con la irritabilidad, un monstruo de mil cabezas alimentado por frustraciones acumuladas, por la injusticia percibida, por la insatisfacción constante y la carencia afectiva. La irritabilidad es un grito desesperado, una respuesta aprendida que busca torpemente satisfacer necesidades básicas.
Nos han enseñado a reprimir el enojo, a etiquetarlo como "malo", pero al silenciarlo, nos condenamos a una existencia gris teñida de apatía o a explosiones descontroladas de ira. Negar el enojo es negarnos a nosotros mismos, es renunciar a la posibilidad de construir relaciones sanas y auténticas.
Imaginemos a un niño de tres años, absorto en su juego, cuyo mundo se ve invadido por un pequeño visitante que arrebata su juguete predilecto. El niño, en un acto instintivo de autoprotección, recupera su tesoro lanzando un grito. Pero en lugar de comprensión, recibe una reprimenda, una lección de "buenos modales" que lo obliga a callar su propia voz, a invalidar su necesidad de proteger lo suyo. ¿Qué sucede con ese niño?
Con el tiempo, este niño podría transformarse en un adulto retraído, que se refugia en la apatía ante cualquier situación que le recuerde aquella injusticia infantil. El silencio se convierte en su escudo, una coraza que lo protege del dolor, pero que también lo aísla, lo convierte en un ser "antipático" a los ojos de quienes desconocen su historia.
O bien, podría convertirse en un adulto iracundo, cuyas reacciones desproporcionadas son el eco amplificado de aquel grito infantil jamás escuchado. La rabia contenida durante años explota en forma de gritos, golpes, palabras hirientes, un torbellino de emociones que lo alejan de los demás y lo sumergen en un ciclo de conflicto permanente.
La clave, entonces, no reside en reprimir el enojo, sino en comprenderlo, en aprender a expresarlo de forma asertiva. Validar nuestras emociones, darnos permiso para sentir y expresar lo que necesitamos, es el primer paso hacia una vida más plena y auténtica. La comunicación asertiva es la herramienta que nos permite transformar la rabia ciega en un diálogo constructivo.
La Técnica de las Tres M nos ofrece un camino para lograrlo: reflexionar sobre el Motivo que nos impulsa a hablar, elegir el Momento y el lugar adecuados para hacerlo, y cuidar el Modo en que expresamos nuestras necesidades. No se trata de callar nuestra voz, sino de aprender a modularla, a convertirla en un instrumento de conexión y no de destrucción. Se trata, en definitiva, de reconciliarnos con nuestro enojo y transformarlo en una fuerza que nos impulse hacia el crecimiento y el bienestar.
Fuente: El Heraldo de México