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16 de junio de 2025 a las 09:51

Domina la Tempestad: Guía Definitiva

Nos encontramos en una encrucijada histórica, un verdadero ojo del huracán geopolítico. La imagen de la tempestad shakesperiana, con su furia desatada y su caos inherente, refleja con inquietante precisión el estado actual del mundo. El orden internacional, que durante décadas, a pesar de sus imperfecciones y contradicciones, sirvió como un frágil dique de contención, se desmorona ante la embestida de nuevas fuerzas.

La competencia hegemónica entre Estados Unidos y China se despliega como un tablero de ajedrez global, donde cada movimiento tiene consecuencias impredecibles. A este complejo escenario se suman líderes con ambiciones desmedidas, figuras como Trump, Putin, Xi Jinping, Netanyahu y los ayatolás iraníes, quienes actúan con una lógica propia, priorizando sus intereses nacionales por encima del bien común. Sus ansias de expansión y la recreación de "zonas de influencia" generan un clima de inestabilidad y ponen en jaque la seguridad global.

La inoperancia del Consejo de Seguridad de la ONU no es la causa, sino el síntoma de un mal mayor. La parálisis de este organismo internacional, encargado de velar por la paz y la seguridad mundial, se debe a la irresponsabilidad de las grandes potencias, quienes con su poder de veto y su apoyo incondicional a ciertos regímenes, permiten la violación sistemática de la Carta de las Naciones Unidas.

Ante este panorama desolador, ¿cuál es el futuro que nos espera? La incertidumbre es la única certeza. El horizonte se vislumbra cargado de nubarrones: una posible escalada de los conflictos en Ucrania y Medio Oriente, el riesgo latente de una confrontación en Asia-Pacífico si China decide invadir Taiwán, y una creciente inestabilidad que amenaza con extenderse como una mancha de aceite por todo el planeta. En este contexto, la diplomacia, la herramienta por excelencia para la resolución pacífica de controversias, agoniza, mientras la guerra cobra un protagonismo aterrador.

Sin embargo, en medio de la tormenta, la vida continúa. El G7, ese grupo de las siete democracias más desarrolladas del mundo, se reúne en Canadá para discutir los desafíos globales. Su creación, hace casi cinco décadas, fue una respuesta al auge del tercermundismo y a la creciente influencia de los países árabes. Hoy, el G7 se enfrenta a una nueva realidad: el ascenso de los BRICS, con China e India a la cabeza, ha erosionado su poderío económico y su influencia en los asuntos mundiales.

La Cumbre de Kananaskis, celebrada bajo la sombra de la tempestad, se centra en temas cruciales como la paz y la seguridad internacionales, la seguridad energética, la transición digital y las alianzas del futuro. La presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, invitada por el primer ministro canadiense, abre una ventana de oportunidad para México. En un mundo convulsionado, la diversificación de las alianzas estratégicas y la cooperación internacional se vuelven imprescindibles.

La reunión con Donald Trump, en el marco de la cumbre, representa un desafío y una oportunidad. Es el momento propicio para reafirmar la importancia de la relación bilateral, basada en el respeto mutuo y la colaboración, y para tender puentes de diálogo en un momento de gran tensión. La presidenta Sheinbaum tiene la posibilidad de forjar nuevos vínculos con líderes europeos y japoneses, ampliando el horizonte de la política exterior mexicana. En tiempos de tempestad, la diplomacia inteligente y proactiva es el mejor salvavidas.

Este encuentro en Kananaskis no es solo una cumbre más. Es una prueba de fuego para el liderazgo global. La capacidad de los líderes del G7 para encontrar puntos de convergencia, para construir consensos y para actuar con decisión y unidad será determinante para capear la tormenta y navegar hacia un futuro más seguro y estable. El mundo observa con expectativa, esperando que la razón prevalezca sobre la sinrazón, que la diplomacia renazca de sus cenizas y que la tempestad, finalmente, ceda el paso a la calma.

Fuente: El Heraldo de México