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17 de junio de 2025 a las 01:45

Croissant Almendrado: El Favorito de la CDMX

El aroma a mantequilla derretida y masa hojaldrada recién horneada inunda las calles de la Roma, atrayendo a los transeúntes como un imán hacia La Bohême. Este pequeño rincón de Francia en el corazón de la Ciudad de México ha conquistado los paladares más exigentes con la magia de sus croissants. No se trata de simples croissants, sino de obras de arte comestibles, doradas a la perfección, con una textura etérea y un sabor que transporta directamente a las panaderías parisinas.

Imaginen morder un croissant aún tibio, sentir cómo se deshace en la boca capa tras capa, liberando un delicado sabor a mantequilla que se funde con el sutil dulzor de la masa. Y si buscan una experiencia aún más sublime, no pueden perderse los croissants de almendras, coronados con una crujiente capa de almendras fileteadas y un glaseado que aporta el toque justo de dulzura.

La Bohême no solo es un paraíso para los amantes del croissant, sino un auténtico templo de la panadería francesa. Desde sus panes laminados, con su corteza crujiente y su miga esponjosa, hasta las delicadas conchas, los irresistibles chocolatines y las exquisitas tartas, cada pieza es una muestra del savoir-faire de sus maestros panaderos. Sus creaciones, como los choux y la imponente Pièce Montée, son una oda a la tradición y la elegancia francesa.

Pero detrás de cada croissant, de cada concha y de cada tarta, hay una historia fascinante. Pocos saben que el origen de este icónico pan no se encuentra en Francia, sino en la lejana Austria. Cuenta la leyenda que durante las Guerras turco-otomanas del siglo XVII, los panaderos vieneses, trabajando durante la noche, escucharon los ruidos de los invasores turcos que intentaban socavar los muros de la ciudad. Dieron la alarma y la invasión fue frustrada. Para celebrar la victoria, crearon un pan en forma de media luna, símbolo del emblema otomano, y así nació el croissant. Su llegada a Francia se debe a la reina María Antonieta, quien, nostálgica de los sabores de su Austria natal, introdujo este delicioso pan en la corte de Versalles.

Así que, la próxima vez que se encuentren paseando por la Roma, no duden en dejarse seducir por el aroma de La Bohême. Ya sea para disfrutar de un desayuno parisino en su acogedora terraza, o para llevar a casa una selección de sus delicias, La Bohême es una experiencia que no se pueden perder. Y recuerden, cada vez que muerden un croissant, no solo están degustando una exquisitez, sino también un pedazo de historia. Una historia que, como la buena panadería, se disfruta mejor compartiendo. Visiten cualquiera de sus sucursales, en la Roma, Polanco o La Canasta Viva, y descubran por qué La Bohême se ha convertido en un referente de la panadería francesa en la Ciudad de México. ¡Les aseguramos que no se arrepentirán!

Fuente: El Heraldo de México