17 de junio de 2025 a las 02:15
Alerta UAN: Microplásticos en tu comida
En nuestro día a día, rodeados de la comodidad de los envases de plástico y unicel, se esconde un peligro silencioso que la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) nos insta a reconocer. No se trata de un riesgo lejano o improbable, sino de una amenaza constante que se intensifica con un gesto tan cotidiano como calentar nuestra comida en un recipiente de plástico o dejar una botella de agua bajo el sol. Imaginen por un momento esa sopa instantánea, rápida y aparentemente inofensiva, liberando microplásticos y sustancias químicas directamente en nuestro alimento. O ese refresco que calma nuestra sed en un día caluroso, contaminado con bisfenol A y S, compuestos que, según la investigadora Gladys Toledo Ibarra de la UAN, alteran nuestro sistema endocrino, ese delicado mecanismo que regula nuestras hormonas.
La problemática va más allá de una simple molestia. Estos microplásticos, fragmentos minúsculos casi invisibles al ojo humano, no se limitan a pasar por nuestro sistema digestivo. Atraviesan las barreras de nuestro organismo, viajando por el torrente sanguíneo, llegando incluso a nuestro cerebro y otros órganos vitales, donde, como señala la experta, se alojan, ya que nuestro cuerpo no tiene la capacidad de eliminarlos. Pensemos en esas botellas de plástico que vemos tiradas en la calle, prácticamente intactas después de años de exposición al sol y la lluvia. Esa misma resistencia a la degradación es la que presentan dentro de nuestro organismo, convirtiéndose en una carga silenciosa con consecuencias a largo plazo.
El unicel, ese material tan presente en nuestros empaques, agrava aún más la situación. Su persistencia en el medio ambiente, donde puede permanecer décadas sin descomponerse, se replica en nuestro cuerpo. Al calentar alimentos en recipientes de unicel, facilitamos la liberación de estos compuestos tóxicos, incrementando el riesgo para nuestra salud. Y si esto nos preocupa como adultos, imaginemos el impacto en los más vulnerables: niños, jóvenes y mujeres embarazadas, cuyos organismos en desarrollo son particularmente sensibles a los efectos hormonales y neurológicos de estas sustancias.
Ante este panorama, la UAN nos invita a tomar acción. No se trata de renunciar a la practicidad, sino de buscar alternativas más conscientes. Cambiar las botellas de plástico por termos reutilizables, optar por envases de vidrio para almacenar alimentos, y en general, priorizar productos libres de químicos tóxicos son pequeños cambios con un gran impacto.
Este llamado de la UAN se alinea con la creciente preocupación mundial sobre la omnipresencia de los microplásticos y sus efectos en la salud humana y el medio ambiente. Estudios recientes han confirmado la presencia de estas partículas en la sangre, órganos e incluso en la placenta, evidenciando la urgencia de tomar medidas. El consumo responsable y la reducción del uso de plásticos de un solo uso ya no son opciones, sino una necesidad para proteger nuestra salud y la del planeta. Informarnos, reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y exigir alternativas más seguras son pasos fundamentales para enfrentar este desafío. La responsabilidad es de todos.
Fuente: El Heraldo de México