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15 de junio de 2025 a las 17:40

Manos frías: ¿qué dice la ciencia?

El frío constante en las manos, esa sensación gélida que muchos atribuyen al clima, esconde en realidad un complejo abanico de posibles causas que van más allá de la simple respuesta al descenso de las temperaturas. Si bien es cierto que la piel, como nuestro órgano más extenso, reacciona de manera inmediata a las variaciones térmicas del entorno, tal como lo afirma el Dr. Massimo Defilippo, especialista en fisioterapia, la persistencia de esta frialdad puede ser un indicio de que algo más profundo está ocurriendo en nuestro organismo. No podemos, por tanto, simplemente abrigarnos y olvidar el asunto.

Imaginemos nuestras arterias y venas como una intrincada red de carreteras por las que circula el calor, transportado por la sangre. Cuando este sistema de "calefacción interna" funciona a la perfección, la temperatura se distribuye de forma equitativa por todo el cuerpo. Sin embargo, diversos factores pueden obstaculizar este flujo vital, provocando que las extremidades, como las manos y los pies, se enfríen.

La anemia, por ejemplo, al disminuir la cantidad de glóbulos rojos encargados de transportar el oxígeno, reduce la capacidad de la sangre para llevar calor. Es como si en nuestra red de carreteras hubiera menos vehículos disponibles para el transporte. De igual forma, la diabetes, una enfermedad que afecta la circulación sanguínea, puede estrechar los vasos, dificultando el paso de la sangre y, por ende, del calor. Imaginemos un embotellamiento en hora punta, impidiendo que el flujo llegue a su destino.

El tabaquismo, un hábito nocivo para la salud en múltiples aspectos, también contribuye a este problema. La nicotina, presente en el tabaco, provoca la constricción de los vasos sanguíneos, similar al efecto de la diabetes, reduciendo el flujo sanguíneo hacia las extremidades. Es como si cerráramos algunos carriles de nuestra red de carreteras, limitando aún más el paso.

El bajo peso corporal, a menudo asociado a una menor masa muscular, también puede influir en la temperatura de las manos. El músculo, al ser un tejido metabólicamente activo, genera calor. Por lo tanto, una menor cantidad de músculo significa una menor producción de calor interno. Es como si tuviéramos menos calefactores funcionando en nuestra casa.

Finalmente, ciertos medicamentos, aunque necesarios para tratar diversas afecciones, pueden tener como efecto secundario la alteración de la circulación o la disminución de la temperatura corporal. Es fundamental consultar con nuestro médico sobre los posibles efectos secundarios de cualquier medicación que estemos tomando, para poder identificar si la frialdad en las manos está relacionada con ello.

En conclusión, la sensación persistente de manos frías no debe tomarse a la ligera. Si bien en algunos casos puede ser una simple respuesta al frío ambiental, en otros puede ser una señal de alerta de nuestro cuerpo. Prestar atención a esta señal y consultar con un profesional de la salud nos permitirá descartar cualquier condición subyacente y, en caso necesario, recibir el tratamiento adecuado. Recordemos que la salud es un tesoro invaluable, y cuidarla es nuestra responsabilidad. No dudemos en buscar ayuda profesional si notamos alguna anomalía, por pequeña que parezca.

Fuente: El Heraldo de México