15 de junio de 2025 a las 09:10
Descubre destinos sin visa
El circo chaira ha vuelto a la ciudad, y esta vez, con una función estelar: "¡Quítenme también la visa!". Una tragicomedia de proporciones épicas que nos demuestra, una vez más, la inagotable capacidad de la 4T para generar contenido viral, aunque no precisamente por sus logros políticos. Primero fue la consejera estatal de Morena en Jalisco, lanzando un valiente "¡Viva la raza!" seguido de una invitación, digamos, poco diplomática, a los Estados Unidos a introducirse su visa por un lugar anatómicamente improbable. La joya de la corona: la consejera no tenía visa. Un sacrificio revolucionario a costo cero, un gesto simbólico tan potente como una pistola de agua en un incendio forestal.
Y claro, la respuesta no se hizo esperar. Christopher Landau, ex embajador y actual subsecretario de Estado, no solo recogió el guante, sino que lo usó para limpiar el piso con la susodicha consejera, informándole, con exquisita ironía, que él mismo había ordenado la cancelación de una visa… inexistente. Un jaque mate diplomático que dejó a la consejera con el trasero al aire y a las redes sociales en llamas.
Como era de esperarse, el incidente desató una ola de solidaridad chaira, materializada en la brillante campaña “Quítenme también la visa”. Una iniciativa que, en su profunda vacuidad, nos recuerda a esas movilizaciones multitudinarias en las que la masa grita consignas sin entender realmente su significado. Un acto de rebeldía performática, un carnaval de la incongruencia, un desfile de consignas vacías.
Y aquí es donde entra el verdadero genio de esta tragicomedia. Porque mientras la infantería morenista se desgañita exigiendo la cancelación de sus visas (muchas de ellas, probablemente, tan reales como la de la consejera jalisciense), la cúpula del partido observa el espectáculo desde la comodidad de sus privilegios. Silenciosos, expectantes, cuidando celosamente sus visas, esas que les permiten disfrutar del black jack en Las Vegas, del shopping desenfrenado en San Antonio, de la ópera en Nueva York. Una élite que predica la austeridad mientras se deleita con los placeres del capitalismo.
El contraste es brutal, grotesco, hilarante. Un microcosmos de la incongruencia que define a la 4T. Mientras los peones se sacrifican en el altar de la retórica vacía, los generales se reparten el botín. Un Juan Escutia entre vividores del erario, una tragicomedia digna de los mejores dramaturgos del absurdo.
Así que, prepárense, amigos. Abran una bolsa de palomitas, sírvanse su bebida favorita y acomódense en el sillón. El espectáculo apenas comienza. "Sin visa en vacaciones", la tragicomedia chaira que te hará reír a carcajadas, aunque te duela el alma. Una obra maestra de la estupidez, una joya de la incongruencia, una oda a la hipocresía. No se la pierdan.
Fuente: El Heraldo de México