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13 de junio de 2025 a las 09:15

¿España al borde del abismo?

La inquietante lectura de "¿Cómo empieza una Guerra Civil?" de Barbara F. Walter resuena con una fuerza aterradora en el complejo panorama global de 2025. La autora, con precisión quirúrgica, disecciona las condiciones que han dado lugar a más de 75 guerras civiles en los últimos 75 años, revelando un patrón preocupante, una serie de factores recurrentes que actúan como precursores de la violencia. Este análisis, lejos de ser un mero ejercicio académico, se convierte en una herramienta predictiva, un mapa que nos permite identificar las zonas de riesgo, los puntos calientes donde el caldo de cultivo para la inestabilidad social se está cociendo a fuego lento.

Walter describe con crudeza cómo estas guerras civiles del siglo XXI no son explosiones espontáneas de ira, sino el resultado de una profunda polarización social. Dos visiones de mundo antagónicas, irreconciliables, chocan en un escenario marcado por la desigualdad, la frustración económica y el resentimiento. Las diferencias raciales, religiosas y económicas se convierten en armas arrojadizas, alimentando el fuego del descontento. Y en este contexto de fragilidad, las instituciones, garantes del orden y la justicia, se debilitan, el Estado de Derecho se erosiona, creando un vacío de poder que la violencia está lista para llenar.

La figura del líder "justiciero", con su discurso mesiánico y su desprecio por las normas democráticas, emerge como un catalizador de la destrucción. Este personaje, hábil manipulador de las emociones, se erige como la solución a los problemas, prometiendo un futuro utópico a cambio de obediencia ciega. Su retórica incendiaria, cargada de odio y resentimiento, prende en la mecha de la desesperanza, convirtiendo a ciudadanos comunes en soldados de una causa fanática.

Lo más alarmante, sin embargo, es la complacencia que Walter observa en gran parte de la población mundial. Muchos creen, con una ingenuidad casi suicida, que sus democracias son inmunes a este tipo de convulsiones. Consideran la posibilidad de una guerra civil como un escenario distópico, ajeno a su realidad. Pero los ejemplos de Ucrania, Rusia, Israel, Gaza, India, Pakistán, y una larga lista de conflictos en efervecencia, desmienten esta falsa sensación de seguridad. Vivimos, como anuncia el título de aquella película, "en peligro".

La autora nos advierte sobre el peligro de la inacción, de la resignación frente a la adversidad. Nos ofrece, además, una clave fundamental para evaluar la salud de una nación: la proximidad a la democracia es inversamente proporcional a la proximidad a una guerra civil. Cuanto más se concentra el poder, cuanto más se debilita el equilibrio de poderes, mayor es el riesgo de desestabilización y violencia. Los autócratas, con su aversión al consenso y su obsesión por imponer su voluntad, siembran las semillas de la discordia, creando un terreno fértil para el conflicto.

Es hora de reflexionar, de analizar con lucidez nuestra propia realidad. ¿Estamos avanzando hacia la democracia o retrocediendo hacia el autoritarismo? ¿Estamos construyendo puentes de diálogo o levantando muros de intolerancia? Quizá aún estemos a tiempo de evitar la distopía, de conjurar el fantasma de la guerra civil. Pero para ello necesitamos comprender las señales, escuchar las advertencias y actuar con decisión y valentía. La apuesta es demasiado alta: el futuro de nuestras sociedades.

Fuente: El Heraldo de México