13 de junio de 2025 a las 09:10
El choque social
La polarización en México se ha convertido en un abismo insalvable. Ya no hay matices, no hay grises. O ves un país próspero y en pleno auge, o lo ves sumido en el caos y la desesperación. Esta dicotomía se manifiesta en todos los ámbitos, desde la economía hasta la seguridad, pasando por la política y la justicia.
En el terreno económico, mientras algunos celebran la supuesta fortaleza del peso y el crecimiento económico, otros se enfrentan al cierre de sus negocios, ahogados por las deudas y la incertidumbre. La emigración se vislumbra como la única salida para muchos, un síntoma preocupante de la desigualdad que se agudiza.
La discusión sobre la pobreza también está marcada por esta polarización. Mientras el gobierno presume haber sacado a millones de la pobreza, otros sectores de la sociedad argumentan que la situación es peor que nunca. ¿Quién tiene la razón? Las cifras oficiales se enfrentan a la cruda realidad de quienes luchan día a día por sobrevivir.
La seguridad, otro tema candente, se presta a interpretaciones diametralmente opuestas. Hay quienes aplauden la estrategia del gobierno y las detenciones diarias, mientras otros viven con el miedo constante a la violencia y la inseguridad, sintiendo que los cárteles han ganado terreno.
La corrupción, la eterna promesa de erradicación, también alimenta la polarización. Unos aseguran que se ha acabado, otros afirman que ha empeorado, que ahora se exige un porcentaje mayor. ¿Dónde está la verdad? ¿En los discursos oficiales o en las experiencias de quienes la sufren en carne propia?
Las próximas elecciones judiciales se presentan como otro campo de batalla en esta guerra de percepciones. Optimismo versus pesimismo, esperanza versus temor. ¿Serán la solución o el detonante de una crisis aún mayor?
Esta polarización extrema nos impide ver con claridad, nos encierra en burbujas ideológicas donde solo escuchamos lo que queremos oír. Nos convertimos en repetidores de consignas, incapaces de dialogar y encontrar puntos en común.
¿Quiénes se benefician de esta división? Los políticos, sin duda. Mientras nosotros nos desgastamos en discusiones estériles, ellos se ríen, conscientes de que la confrontación social les permite mantener el control.
Nos hemos convertido en un perro que se muerde la cola, incapaces de romper el círculo vicioso de la polarización. ¿La solución? Quizá dejar de tomarnos personal los discursos políticos, dejar de alimentar el fuego de la confrontación. Recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos, de analizar la información con criterio propio. Solo así podremos liberarnos de las cadenas de la manipulación.
Y mientras el país se debate entre extremos, la sombra del abuso sexual vuelve a cernirse sobre la Iglesia. El padre Cabrera, cercano a Marcial Maciel, ha sido detenido por presunta violación de un menor. Un nuevo escándalo que empaña la labor educativa de la institución y nos recuerda que la lucha contra la impunidad debe ser constante e implacable. La justicia debe prevalecer, sin importar la investidura o la influencia de los involucrados. Es hora de romper el silencio y proteger a las víctimas.
Fuente: El Heraldo de México