13 de junio de 2025 a las 09:15
Alto a las desapariciones: ¡Exige una estrategia YA!
La esperanza renace en México. Tras años sumidos en la violencia, la tendencia a la baja en los homicidios dolosos nos invita a un optimismo cauteloso. Un 25.8% menos desde la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia, 13.4% en lo que va del año, 22 vidas salvadas al día… Son cifras que resuenan, que impactan, que nos permiten imaginar un futuro menos teñido de rojo. La estrategia de la presidenta, una combinación de inteligencia, investigación y fortalecimiento de la Guardia Nacional, parece estar dando frutos. Se ha optado por un enfoque más profesional, dejando atrás las consignas simplistas del pasado. La coordinación con las autoridades estatales, un elemento clave muchas veces olvidado, está tejiendo una red de seguridad más efectiva.
Este cambio de rumbo, sin embargo, no está exento de sombras. Un espectro oscuro se cierne sobre el país: la creciente ola de desapariciones. Más de 10,000 personas se han esfumado en apenas ocho meses, engrosando la lista de ausencias a la escalofriante cifra de 125,803. 57.6 familias al día se enfrentan al desgarrador vacío de la incertidumbre. ¿Dónde están? ¿Qué les ha ocurrido? Son preguntas que resuenan en el silencio, un silencio que grita.
La coincidencia estadística entre la disminución de homicidios y el aumento de desapariciones genera una profunda inquietud. ¿Estamos ante un verdadero triunfo en la lucha contra la violencia o simplemente ante una macabra transformación del horror? ¿Se están ocultando las muertes bajo el manto de la desaparición? La experiencia en la Ciudad de México durante la gestión de Sheinbaum, donde los homicidios bajaron mientras las desapariciones se triplicaban, alimenta la sospecha.
El gobierno tiene la obligación de responder a estas interrogantes. La transparencia es fundamental para construir confianza. No podemos celebrar la reducción de una cifra si al mismo tiempo otra se dispara. Si las desapariciones se convierten en una estrategia para maquillar las estadísticas, no estamos ante un avance, sino ante una perversión del sistema. El dolor de las familias que buscan a sus seres queridos no puede ser ignorado, silenciado o minimizado. Cada nombre en la lista de desaparecidos es una tragedia, una historia inconclusa, una herida abierta en el corazón del país.
Además, es crucial reconocer la magnitud real del problema. Muchas desapariciones no se denuncian por miedo, desconfianza o por el desgaste emocional que implica enfrentarse a un sistema a menudo ineficaz. La cifra oficial, por lo tanto, es solo la punta del iceberg. La verdadera dimensión de esta tragedia permanece oculta, sumergida en un mar de silencio e impunidad.
El camino hacia la paz y la seguridad no se mide solo por la cantidad de muertos, sino también por la cantidad de personas que regresan a sus hogares. Claudia Sheinbaum ha dado pasos importantes en la dirección correcta, pero el reto sigue siendo enorme. Mientras miles de familias sigan buscando a sus desaparecidos, la victoria será incompleta. El éxito en la lucha contra la violencia no se puede declarar mientras el fantasma de la desaparición siga acechando en cada esquina. La verdadera prueba de fuego para este gobierno será su capacidad para brindar respuestas, para encontrar a los ausentes y para construir un país donde la vida, en todas sus formas, sea valorada y protegida.
Fuente: El Heraldo de México