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12 de junio de 2025 a las 02:20
ICE en California: Persecución entre cultivos
La angustia se palpa en el aire, espesa como el polvo que se levanta tras el paso de las camionetas del ICE. El sol californiano, normalmente un bálsamo, ahora quema sobre los rostros sudorosos de quienes se esconden entre los surcos, con el corazón latiendo como un tambor en el pecho. No son criminales, son manos que alimentan a una nación, las mismas que recogen las frutas y verduras que llegan a las mesas de todos, sin importar su estatus migratorio. La escena del trabajador agrícola huyendo, perseguido como una presa, se repite con demasiada frecuencia en estos días. Es una imagen que debería avergonzarnos a todos. ¿Cómo hemos llegado a un punto en el que el miedo es el pan de cada día para quienes solo buscan una vida mejor?
Las redadas, orquestadas con una frialdad que hiela la sangre, se han intensificado. Ventura, Tulare, Fresno… nombres que resuenan con el eco de la desesperación. Familias separadas, sueños truncados, el futuro incierto. Las autoridades locales, con las manos atadas, observan impotentes el despliegue de una fuerza desproporcionada. Alcaldes como Luis McArthur alzan la voz, denunciando la injusticia, pero sus palabras parecen perderse en el desierto de la indiferencia. ¿Quién escucha el grito de los que no tienen voz?
Dos mil ciento setenta millones de dólares. Esa es la cifra que generó la agricultura de esta región en 2023. Una cifra que habla del esfuerzo, del sudor, del trabajo incansable de estos hombres y mujeres. Una cifra que contrasta con la miseria que se les ofrece a cambio. ¿Es justo que quienes contribuyen tanto a la economía sean tratados como delincuentes? United Farm Workers, la voz de los que trabajan la tierra, lucha por protegerlos, informándolos sobre sus derechos, exigiendo el respeto a la ley. Pero la batalla es desigual.
El miedo se extiende como una plaga, paralizando a comunidades enteras. Trabajadores que huyen de las empacadoras, escondiéndose entre los campos de arándanos, con la angustia grabada en sus rostros. Jeannette Sanchez-Palacios, alcaldesa de Ventura, lo describe con una precisión desgarradora: es ver a una fuerza laboral vivir con miedo. Un miedo que amenaza con dejar los campos sin cosechar, con consecuencias devastadoras no solo para la economía local, sino para todo el país. ¿Quién recogerá las cosechas si el miedo vacía los campos?
La sombra de Donald Trump se cierne sobre todo esto. Tres mil detenciones diarias. Esa es la meta, según fuentes cercanas a la Casa Blanca. Una cifra que nos deja sin aliento. ¿Es esta la América que queremos? ¿Una América construida sobre el miedo y la discriminación?
Los Ángeles arde. Protestas masivas, un toque de queda que ahoga la ciudad, miles de militares desplegados en las calles. La imagen de una ciudad sitiada, en guerra contra su propia gente. El gobernador Gavin Newsom se enfrenta a Trump, denunciando la "debilidad disfrazada de fuerza". Una batalla legal que apenas comienza, con el futuro de California en juego. ¿Prevalecerá la justicia o el autoritarismo?
Las detenciones continúan, incluso en lugares tan cotidianos como un Home Depot o frente a una iglesia. La indignación crece, pero también la resistencia. Newsom llama a no callar, a alzar la voz contra la injusticia. "Lo que Trump quiere es nuestro silencio", advierte. ¿Nos quedaremos callados mientras se pisotean los derechos de nuestros vecinos, de nuestros amigos, de nuestros compañeros de trabajo?
La batalla por el futuro de la inmigración en Estados Unidos está en su punto más álgido. El miedo y la esperanza se enfrentan en una lucha sin cuartel. ¿De qué lado estaremos?
Fuente: El Heraldo de México