9 de junio de 2025 a las 22:30
Ramírez condena la corrupción tras ataque en Pakal
La tensión en la frontera entre México y Guatemala se ha intensificado tras un nuevo enfrentamiento armado que dejó un saldo de cuatro presuntos delincuentes abatidos. Este incidente, ocurrido en Ciudad Cuauhtémoc, Chiapas, ha desatado la alarma y la indignación del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, quien no dudó en señalar la presunta colusión de autoridades guatemaltecas con el crimen organizado. Sus palabras, publicadas en redes sociales, resuenan con fuerza: "Es muy delicado que autoridades encargadas de velar por la seguridad de sus conciudadanos participen en estos actos. No es cosa menor estar coludidos, pero lo que es peor es estar al servicio de la delincuencia". Una acusación grave que exige una investigación exhaustiva y una respuesta contundente por parte de las autoridades de ambos países.
Este nuevo choque armado se produce apenas semanas después de la emboscada que costó la vida a cinco policías estatales, incluyendo a una mujer. La similitud en el modus operandi y la zona de operaciones sugiere que podría tratarse de la misma célula criminal. Un grupo que, al parecer, opera con impunidad y se atreve a desafiar abiertamente a las fuerzas del orden. ¿Qué hay detrás de esta escalada de violencia? ¿Qué intereses se esconden tras la aparente colaboración de autoridades guatemaltecas? Estas son preguntas que exigen respuestas urgentes.
La escena descrita por testigos y documentada en videos que circulan en redes sociales es escalofriante. Seis vehículos repletos de hombres armados y encapuchados irrumpen en la tranquilidad de Ciudad Cuauhtémoc. Entre ellos, una patrulla guatemalteca, identificada con la matrícula HUE-111, de la cual también descienden individuos que se suman al ataque contra la policía chiapaneca. Un acto de osadía que pone en evidencia la complejidad del problema y la posible infiltración del crimen organizado en las instituciones de seguridad. El enfrentamiento, que según los habitantes se prolongó por casi dos horas, sembró el terror en la comunidad. Familias enteras se refugiaron en sus hogares, mientras el sonido de las balas y las granadas resonaba en las calles.
La respuesta de las autoridades chiapanecas fue inmediata y contundente. Tras repeler la agresión, lograron neutralizar a cuatro de los atacantes y asegurar un importante arsenal, incluyendo tres AK-47, una R15 con lanzagranadas y cuatro camionetas, tres de ellas blindadas. Un golpe significativo, pero que no resuelve el problema de fondo. La inseguridad en la zona fronteriza sigue siendo una preocupación latente. El gobernador Ramírez Aguilar ha sido enfático: "El pueblo de Chiapas vivirá en paz". Una promesa que requiere acciones concretas y una cooperación efectiva con el gobierno de Guatemala para desmantelar las redes criminales que operan en la región.
La situación actual exige una profunda reflexión sobre la estrategia de seguridad en la frontera. Es necesario fortalecer la colaboración binacional, implementar mecanismos de control más rigurosos y, sobre todo, investigar a fondo la presunta complicidad de autoridades en ambos lados de la frontera. Solo así se podrá garantizar la paz y la tranquilidad de las comunidades que viven bajo la constante amenaza del crimen organizado. El llamado del gobernador Ramírez Aguilar a la "legalidad y responsabilidad" del gobierno guatemalteco es un paso importante en esa dirección. Ahora, es fundamental que se traduzca en acciones concretas que permitan erradicar la violencia y la impunidad en esta zona tan vulnerable.
Fuente: El Heraldo de México