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9 de junio de 2025 a las 22:10

Golpe al imperio del fentanilo

La sombra del narcotráfico vuelve a cernirse sobre México y Estados Unidos. Una vez más, el nombre de Sinaloa resuena en los pasillos del poder, ligado a la tragedia del fentanilo y a la violencia que desgarra comunidades a ambos lados de la frontera. Los Chapitos, herederos de un imperio criminal forjado por Joaquín "El Chapo" Guzmán, se encuentran en el ojo del huracán, acusados de orquestar una red de producción y tráfico de este opioide sintético que siembra muerte y devastación en suelo estadounidense.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con la firmeza que caracteriza su lucha contra el narcotráfico, ha desatado una nueva ofensiva contra esta facción del Cártel de Sinaloa. No se trata solo de palabras, sino de acciones contundentes: sanciones económicas que buscan asfixiar sus finanzas, congelar sus activos y desmantelar la compleja maquinaria que alimenta su poder. Diez millones de dólares, una cifra que habla por sí sola, penden sobre las cabezas de los líderes de Los Chapitos, Archivaldo Iván Guzmán Salazar y Jesús Alfredo Guzmán Salazar. Una recompensa que busca incentivar la colaboración ciudadana y la delación, con la esperanza de que la justicia alcance finalmente a quienes se esconden en las sombras del anonimato.

Las acusaciones son graves, y la evidencia presentada por las autoridades estadounidenses apunta directamente a la responsabilidad de Los Chapitos en la fabricación y distribución de pastillas de fentanilo falsificadas. Un veneno disfrazado de medicamento que se infiltra en las calles, cobrando la vida de miles de personas. Pero la sombra de la violencia se extiende más allá del tráfico de drogas. El asesinato del exmarine estadounidense Nicholas Quets en Sonora, México, se suma a la lista de crímenes atribuidos a hombres armados vinculados con este grupo criminal, un recordatorio brutal de la impunidad y el poder que ejercen en la región.

La red de Los Chapitos, sin embargo, no se limita a la producción y distribución de fentanilo. Se extiende como una telaraña, abarcando una serie de actividades ilícitas que van desde la extorsión y el secuestro hasta el lavado de dinero. Un entramado criminal que opera con la complicidad de socios y empresas con sede en Mazatlán, Sinaloa, un territorio que parece haberse convertido en el epicentro de sus operaciones.

La lucha contra el narcotráfico es una batalla sin cuartel, una guerra que se libra en múltiples frentes. La colaboración entre agencias como la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y la Administración para el Control de Drogas (DEA) es fundamental para desmantelar estas organizaciones criminales y llevar a sus líderes ante la justicia. Las sanciones impuestas, amparadas en órdenes ejecutivas, son un paso importante en esta dirección, pero la tarea aún está lejos de concluir. El fentanilo sigue fluyendo, la violencia persiste, y la sombra del narcotráfico continúa amenazando la seguridad y la estabilidad de la región. La pregunta que queda en el aire es si estas medidas serán suficientes para frenar el avance de Los Chapitos y poner fin a su reinado de terror. El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.

Fuente: El Heraldo de México