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7 de junio de 2025 a las 16:05

Triple amenaza en el Pacífico

La inquietud se palpa en el aire, como la humedad precursora de la tormenta. Tres zonas de baja presión acechan en el Pacífico, susurrando la posibilidad de ciclones tropicales que podrían azotar nuestras costas. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN), con la mirada fija en el horizonte, monitorea constantemente estos sistemas, analizando su evolución con la precisión de un cirujano. La amenaza es latente, y las olas, como mensajeras del peligro, se levantan imponentes, alcanzando hasta 3 metros en Acapulco, obligando al cierre del puerto y pintando un cuadro de precaución que nadie puede ignorar. La posibilidad de trombas marinas, esos caprichosos y violentos vórtices, añade un matiz extra de preocupación al panorama.

Mientras, el país se prepara para un diluvio. Las lluvias, intensas y abundantes, se pronostican en gran parte del territorio nacional. Algunos estados, en la línea de fuego de la naturaleza, se mantienen en alerta máxima, con la vista puesta en el cielo, esperando el inevitable chaparrón. La tierra, sedienta, recibirá el agua con avidez, pero la intensidad del aguacero puede traer consigo consecuencias indeseables. Inundaciones, deslaves, crecidas de ríos… la fuerza de la naturaleza es un arma de doble filo.

En medio de esta tensa espera, el nombre de Dalila resuena con un eco histórico. Un fantasma del pasado que nos recuerda la fuerza implacable de los huracanes. En 1989, Dalila rozó las costas de Hawái, dejando su huella imborrable en la memoria colectiva. Siete veces ha sido invocado este nombre para bautizar a un ciclón tropical, cada vez con la misma carga de incertidumbre y potencial devastación. Este 2025, Dalila vuelve a la escena, y la pregunta que flota en el aire es: ¿qué traerá consigo esta vez?

Antes de la llegada de Dalila, otros nombres se sumarán a la lista de tormentas y huracanes de la temporada. Cada uno con su propia historia, su propia personalidad, su propia capacidad de destrucción. La naturaleza, en su infinita sabiduría, nos recuerda que somos vulnerables ante su poder. Nos obliga a estar preparados, a tomar precauciones, a respetar su fuerza.

El SMN, cual guardián incansable, continúa su labor de vigilancia, informando a la población, previniendo desastres. La tecnología, aliada fundamental en esta batalla contra los elementos, nos permite prever, con cierta precisión, la trayectoria de los ciclones, dándonos tiempo para protegernos, para minimizar los daños.

Pero la naturaleza es impredecible, y la incertidumbre es parte del juego. Lo que sí sabemos es que debemos estar preparados. Informarnos, seguir las indicaciones de las autoridades, y sobre todo, respetar la fuerza de la naturaleza. La temporada de huracanes está en su punto álgido, y la vigilancia es nuestra mejor arma. No bajemos la guardia.

Fuente: El Heraldo de México