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29 de mayo de 2025 a las 09:20
Infancia en peligro
La infancia robada: una tragedia silenciosa que exige acción
Miles de niñas, niños y adolescentes en México viven una realidad desgarradora, donde las armas reemplazan a los lápices y el miedo se convierte en un compañero constante. Lejos de las aulas y los juegos, se ven obligados a transitar un camino marcado por la violencia y la delincuencia, un camino que no eligieron, sino que les fue impuesto por la crueldad del crimen organizado. Estos menores, víctimas de un sistema que los abandona a su suerte, se convierten en piezas clave de una maquinaria criminal que se alimenta de su vulnerabilidad y de la impunidad que la ampara.
La magnitud de la tragedia es escalofriante. Las cifras, aunque difíciles de precisar con exactitud debido a la naturaleza clandestina del reclutamiento, pintan un panorama desolador. Organizaciones como Unicef y la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) estiman que entre 30 mil y 460 mil menores han sido reclutados por grupos criminales. Estos números, por sí solos, son una dolorosa evidencia de la profunda crisis que atraviesa el país y de la urgencia de implementar medidas efectivas para combatirla.
El reclutamiento infantil adopta diversas formas, adaptándose a las necesidades de las organizaciones delictivas. Los menores son utilizados como halcones, mensajeros, extorsionadores e incluso sicarios. A edades en las que deberían estar aprendiendo a leer y escribir, se les enseña a manejar armas y a cometer actos de violencia inimaginables. Su infancia es arrebatada, sus sueños son truncados y su futuro se ve ensombrecido por la amenaza constante de la muerte.
¿Cómo es posible que miles de niños y niñas sean convertidos en instrumentos de la violencia? La respuesta es compleja y multifactorial. La pobreza extrema, el abandono familiar, la violencia cotidiana y la normalización de la delincuencia crean un caldo de cultivo propicio para el reclutamiento. En un entorno donde las necesidades básicas no son satisfechas y las oportunidades son escasas, la promesa de pertenencia, protección y dinero fácil se convierte en un atractivo irresistible para muchos menores.
La falta de un marco legal que reconozca y penalice el reclutamiento infantil agrava aún más la situación. Esta omisión no solo dificulta la obtención de estadísticas reales y la apertura de investigaciones, sino que también perpetúa la impunidad y la falsa idea de que este fenómeno es parte de la cultura. Es urgente que México reconozca el reclutamiento infantil como un delito federal y que implemente políticas públicas integrales que aborden las causas estructurales del problema.
No podemos permitir que la violencia se convierta en el paisaje cotidiano de nuestra niñez. No podemos aceptar que la impunidad sea la regla y la justicia, la excepción. Cada niño y niña reclutado representa una promesa rota, una derrota colectiva. Es nuestra responsabilidad como sociedad exigir a las autoridades que actúen con firmeza y determinación para proteger a nuestros menores y garantizarles un futuro digno y en paz.
La lucha contra el reclutamiento infantil requiere un enfoque integral que involucre a todos los actores sociales. Desde el gobierno, con la implementación de políticas públicas efectivas, hasta la sociedad civil, con la creación de redes de apoyo y la promoción de una cultura de paz. Solo a través de un esfuerzo conjunto podremos erradicar este flagelo y devolverles a nuestros niños y niñas el derecho a soñar y a construir un futuro mejor. El tiempo de la indiferencia ha terminado. Es hora de actuar.
Fuente: El Heraldo de México