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29 de mayo de 2025 a las 06:05
El primer Kame Hame Ha de Gokú
La imagen de Goku con su Nyoibo extendiéndose hacia el cielo, Shenlong serpenteando majestuoso a sus espaldas, es más que un simple póster: es un ícono. Un símbolo de una época, de tardes después de la escuela llenas de la vibrante energía de las artes marciales, de la emoción de ver a un héroe superarse una y otra vez. Este póster, rescatado de los Archivos de Toriyama, nos transporta directamente a 1986, un año crucial en la ascensión de Dragon Ball al estrellato. Imaginen la escena: la revista Weekly Shonen Jump, consciente del fenómeno que se gestaba, buscaba la imagen perfecta para capturar la esencia de Goku, la fuerza explosiva de sus combates. Toriyama, con su trazo inconfundible, respondió a la llamada, entregando una ilustración que trascendió el papel y se grabó en la memoria colectiva de generaciones.
Es fascinante pensar en el contexto. En 1986, Dragon Ball aún estaba construyendo su leyenda. La historia de este guerrero saiyajin, criado en la Tierra con una inocencia entrañable y un poder latente descomunal, comenzaba a resonar con fuerza en el público. Sin embargo, faltaba algo: una imagen que cristalizara la energía de las peleas, la determinación férrea de Goku, la magia de un universo donde las artes marciales y las criaturas fantásticas convivían en una danza explosiva. Este póster fue la respuesta. No solo mostraba a Goku en plena acción, listo para desatar su poder, sino que también incorporaba a Shenlong, el dragón mágico capaz de conceder deseos, un elemento fundamental en la mitología de Dragon Ball. La combinación era perfecta: acción, misticismo y la promesa de aventuras aún mayores.
La anécdota de la creación de este póster, contada por el propio Toriyama, nos revela un detalle interesante: la escasez de ilustraciones de Goku en poses de combate. Esto nos habla de la evolución del personaje, de cómo su imagen se fue construyendo y refinando a lo largo del tiempo. Inicialmente, la inocencia y el humor eran rasgos predominantes en la representación de Goku. Sin embargo, la demanda del público y la visión de los editores de Weekly Shonen Jump impulsaron a Toriyama a explorar el lado más guerrero del personaje, dando como resultado esta icónica imagen que hoy nos llena de nostalgia.
Este póster no es solo un objeto de colección para los fans acérrimos de Dragon Ball; es una ventana al pasado, un testimonio del impacto cultural de la obra de Akira Toriyama. Representa la chispa que encendió la pasión de millones de seguidores, la promesa de un viaje épico lleno de combates, amistad y superación. Al contemplarlo, nos conectamos con nuestra propia infancia, con la emoción de descubrir un universo lleno de posibilidades, donde un guerrero saiyajin con el corazón puro podía alcanzar la cima del poder y proteger a la Tierra de las fuerzas del mal. Y es que, al final del día, ¿quién no recuerda la emoción de ver a Goku prepararse para la batalla, con el Nyoibo en alto y la mirada fija en el horizonte?
Fuente: El Heraldo de México