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29 de mayo de 2025 a las 10:00
El mar, ¿tu escape ideal?
Imaginen un México que se extiende más allá de lo que vemos en los mapas terrestres, un México que abraza la inmensidad azul que lo rodea. Un "marritorio", como podríamos llamarlo, que representa el 62% de nuestra superficie total. Sorprendente, ¿verdad? Al observar una imagen satelital de nuestro país, la vastedad oceánica nos revela una realidad a menudo ignorada: somos una nación intrínsecamente ligada al mar.
Este marritorio no es una simple extensión de agua salada, sino un complejo entramado de cinco ecosistemas únicos: el Golfo de México, cuna de una rica biodiversidad; el Mar Caribe, con sus arrecifes coralinos vibrantes; el Pacífico tropical, que baña nuestras costas desde Puerto Vallarta hacia el sur, un paraíso de aguas cálidas y fauna exuberante; el Pacífico Noroeste, desde Tijuana hasta Cabo San Lucas, hogar de especies migratorias majestuosas; y el Golfo de California, nuestro mar interior, una joya natural única en el mundo, un acuario natural que palpita con vida.
Dentro de este marritorio, más de cuatro mil islas e islotes emergen como guardianes de la biodiversidad, albergando especies endémicas y sirviendo como puntos estratégicos para la reproducción y el refugio de innumerables criaturas marinas. Imaginen la importancia de estas islas para la pesca, sosteniendo la industria del atún, el tiburón y otras especies que llegan a nuestras mesas.
Nuestras costas, que se extienden a lo largo de 12 mil kilómetros, son un mosaico de paisajes impresionantes: playas de arena dorada, acantilados rocosos, lagunas costeras, dunas que danzan con el viento, esteros, estuarios y manglares, verdaderos pulmones del planeta. Estos ecosistemas costeros no solo son un espectáculo visual, sino que desempeñan un papel vital en la protección de las comunidades costeras, actuando como barreras naturales contra la furia de las tormentas y huracanes.
A lo largo de estos miles de kilómetros de costa, distribuidos en 169 municipios y 17 estados, viven 21 millones de mexicanos, cuyas vidas están intrínsecamente ligadas al mar. Sin embargo, a pesar de esta estrecha conexión, el mar a menudo se percibe como un espacio ajeno, una superficie azul a la que se teme o se visita ocasionalmente para disfrutar de unas vacaciones.
Esta desconexión con el mar tiene consecuencias devastadoras. Lo hemos convertido en el basurero del mundo, un lugar donde las aguas residuales fluyen sin control, donde los cruceros turísticos descargan sus desechos mientras los pasajeros se divierten en cubierta, donde la pesca se realiza con una mentalidad extractivista, sin respeto por la sostenibilidad de los recursos.
Pensarnos ajenos a los ecosistemas marinos, que representan el 70% de la superficie de nuestro planeta, es un error monumental. En esa inmensidad azul, hay mucho más que agua. Existen organismos inteligentes, con formas de organización y comunicación sorprendentes, que incluso podrían superar las nuestras. El océano es el gran regulador del clima, absorbiendo gran parte de la radiación solar y capturando dióxido de carbono. Es el pulmón del planeta, produciendo la mayor parte del oxígeno que respiramos. Es fuente de alimento, la principal vía de transporte y una fuente potencial de energía aún por explorar. Y, por si fuera poco, es una fuente inagotable de inspiración, relajación y placer.
Es hora de cambiar nuestra perspectiva y reconocer la importancia vital del mar para nuestra supervivencia y bienestar. Debemos dejar de verlo como un espacio ajeno y empezar a cuidarlo como el tesoro que es. Nuestro futuro depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México