29 de mayo de 2025 a las 05:35
¿Adulto a los 30? La ciencia revela la verdad.
La idea de la adultez, ese momento mágico en el que soplamos 18 velas y de repente nos convertimos en seres responsables y maduros, se tambalea ante la ciencia. Resulta que, según expertos como el profesor Peter Jones de la prestigiosa Universidad de Oxford, nuestro cerebro sigue en plena faena de construcción hasta bien entrados los 30. Imaginen, ¡una década más de adolescencia encubierta! No es que estemos condenados a la inmadurez eterna, sino que el proceso de desarrollo cerebral es mucho más complejo y prolongado de lo que nos han hecho creer.
Jones, en una fascinante charla en el Colegio Wolfson de la Universidad de Cambridge, desmontó el mito de la adultez instantánea. Para él, establecer una línea divisoria tajante entre la niñez y la adultez es, simplemente, "absurdo". La transición es un viaje gradual, un proceso de transformación que se extiende a lo largo de tres décadas, con cambios sutiles en las conexiones neuronales que van tejiendo la compleja red de nuestro cerebro adulto. No se trata de un interruptor que se enciende al cumplir los 18, sino de un continuo afinamiento de nuestras capacidades cognitivas y emocionales.
Y aquí viene lo más interesante: no todos maduramos al mismo ritmo. Cada individuo recorre su propio camino, a su propio tiempo. Como si fuéramos exploradores adentrándonos en un territorio desconocido, cada uno con su mapa y su brújula. No hay un punto de llegada único, ni un momento preciso en el que podamos plantar la bandera y declararnos oficialmente adultos. Es una aventura personal y única.
Entonces, ¿qué significa esto para nosotros, los "adultos en proceso"? Quizás sea momento de repensar nuestros sistemas educativos, legales y de salud, que se basan en una definición rígida y obsoleta de la adultez. Tal vez necesitemos modelos más flexibles, que se adapten a la realidad de un desarrollo cerebral prolongado. Y, sobre todo, quizás debamos ser más comprensivos con nosotros mismos y con los demás, reconociendo que la madurez no es un destino, sino un camino en constante evolución. Un camino que, como bien dice el profesor Jones, nos lleva de la oruga a la mariposa, en un proceso de transformación continua.
Este nuevo enfoque sobre la adultez abre un sinnúmero de preguntas fascinantes. ¿Cómo afecta este descubrimiento a la forma en que educamos a nuestros jóvenes? ¿Deberíamos reconsiderar la edad legal para votar, conducir o consumir alcohol? ¿Y qué hay de la presión social que nos empuja a alcanzar ciertos hitos a determinada edad? El debate está abierto, y la ciencia nos invita a repensar lo que significa ser adulto en el siglo XXI. Un adulto, por cierto, con un cerebro en constante construcción.
Fuente: El Heraldo de México