28 de mayo de 2025 a las 09:30
Rompe el molde: Desafía la norma.
La sombra de la sospecha: ¿una victoria pírrica para Cuauhtémoc Blanco?
Ciro Gómez Leyva, con su habitual agudeza, disecciona el complejo escenario que rodea a Cuauhtémoc Blanco. Si bien el gobernador de Morelos ha eludido el desafuero, sorteando así un proceso legal directo y abierto, la persistencia de las acusaciones, en particular las provenientes de su propia media hermana, lo condenan a un ostracismo silencioso, una especie de "pena social" que se cierne sobre él como una espada de Damocles. Su ausencia en la final del fútbol mexicano, refugiado en la intimidad de su hogar o en el círculo protector de allegados, es un síntoma elocuente de este repliegue. Imaginemos la escena: Blanco, rodeado de diputados leales, recibiendo palabras de apoyo y consuelo, mientras en el estadio, la multitud vibra con la pasión del deporte. Un contraste que habla por sí solo.
¿Lo veremos compartiendo reflexiones sobre los valores cívicos del deporte con la SEP, la Conade o la UNAM? Difícilmente. Su presencia en las mañaneras, en inauguraciones o incluso en las complacientes entrevistas de la televisión gubernamental se antoja improbable. Incluso en un país como México, donde el cinismo del poder parece no tener límites, hay acusaciones que dejan una marca indeleble, sobre todo cuando la respuesta es la impunidad del poderoso y no la transparencia del ciudadano común. Blanco ha optado por el silencio, por el refugio de la opacidad, alimentando así las suspicacias y consolidando la percepción de una culpabilidad no demostrada, pero latente.
Esta "sanción social", como la denomina Gómez Leyva, se erige como una forma de resistencia ciudadana ante el avasallamiento del poder. Una resistencia silenciosa, casi imperceptible, pero que pone de manifiesto el hartazgo de una sociedad que observa cómo una camarilla se adueña del poder sin que nadie ose cuestionarla. Una camarilla que, previsiblemente, asestará el golpe final a la oposición el próximo 1 de junio.
La humillación pública que sufrió el abogado que increpó al presidente del Senado en el aeropuerto es un ejemplo del clima de intimidación que se respira. Para los políticos del establishment, circular entre el común de los mortales se convertirá en un ejercicio incómodo, una prueba de fuego ante la mirada inquisidora de una ciudadanía cada vez más crítica. Noroña, blanco frecuente de reproches, Bartlett, Marina del Pilar, los Yunes, refugiados en el lujo de un hotel madrileño, y hasta el propio expresidente López Obrador, abucheado en un partido de béisbol, son ejemplos de esta nueva realidad.
¿Es un consuelo? Tal vez, un consuelo agridulce, que nos recuerda nuestra vulnerabilidad ante el poder. Pero es un punto de partida. Los restaurantes, los aeropuertos, los espacios públicos se convierten en el escenario de esta resistencia silenciosa, en el termómetro del descontento social. La sombra de la sospecha, aunque no se traduzca en consecuencias legales, puede ser un castigo implacable. Y en el caso de Cuauhtémoc Blanco, esa sombra parece alargarse cada vez más.
Fuente: El Heraldo de México