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28 de mayo de 2025 a las 05:30

Psicología del Fanatismo Futbolero

El fervor que despierta el fútbol, más allá de la simple afición, se convierte en un fenómeno social que trasciende las canchas y se instala en el corazón mismo de la identidad colectiva. A dos días de la celebración del Día Mundial del Fútbol, y con la reciente victoria de los Diablos Rojos del Toluca resonando aún en los ecos de la afición, la psicóloga Marcela Ovalle desentraña las complejas capas que conforman este apasionado vínculo. No se trata, afirma la experta, de una causa única, sino de una confluencia de factores que se entrelazan para crear ese sentimiento de pertenencia, esa "fiebre" colectiva que vehiculiza el deporte.

La identificación, ese poderoso mecanismo que nos une a "la masa", juega un papel fundamental. En el fútbol, a diferencia de otros deportes, se construye una identidad, una forma de ser y de relacionarse, incluso marcada por el género. "Cómo se es aficionado, cómo se es hombre en ese deporte", señala Ovalle, apuntando a la construcción social que se teje alrededor del fútbol y que define roles y comportamientos. Esta identificación se convierte en un espejo, un reflejo del propio ser: "Cuando se gana, soy un ganador; cuando se pierde, soy un perdedor". La camiseta se transforma en una segunda piel, en un símbolo de pertenencia a una tribu, a una comunidad que comparte la misma pasión, los mismos colores, las mismas alegrías y las mismas frustraciones.

El ejemplo de la Selección Mexicana ilustra a la perfección esta idea. El equipo nacional se convierte en la representación de la identidad nacional, en el emblema de lo que significa ser mexicano. Cada jugador en la cancha es un reflejo del aficionado, una proyección de sus anhelos y esperanzas. El "yo" se diluye en el "nosotros", creando una unidad poderosa que trasciende las diferencias individuales.

Pero, ¿qué hace del fútbol un terreno fértil para la exaltación de las pasiones? Según Ovalle, la laxitud en las reglas del juego, comparadas con otros deportes, permite una mayor libertad en la expresión de las emociones, incluso llegando a lo primitivo. La ausencia de una "contención legal" más rígida, propicia una liberación de las pasiones que se manifiesta en cánticos, celebraciones efusivas y, en ocasiones, en manifestaciones de violencia.

Esta falta de contención, sumada a la potencia de la identificación colectiva, crea un caldo de cultivo perfecto para el fanatismo. Las reglas, diluidas en la masa, pierden su eficacia, y las pasiones, desatadas, pueden llegar a extremos. El fanatismo, en este contexto, se presenta como la consecuencia de una identificación desmedida, alimentada por la permisividad y la falta de límites en la expresión de las emociones. Un fenómeno complejo que, como el propio fútbol, combina la belleza del juego con la intensidad de las pasiones humanas. Un tema que, sin duda, seguirá generando debate y análisis en el futuro.

Fuente: El Heraldo de México