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28 de mayo de 2025 a las 18:40

Oremos por la paz en Ucrania y Gaza.

La angustia que emana de la Franja de Gaza, el llanto desgarrador de madres que acunan los cuerpos inertes de sus hijos, nos interpela como humanidad. Imaginen el horror, la desesperación de estas familias, obligadas a huir de sus hogares, buscando refugio precario entre los escombros, con el estómago vacío y el corazón roto. El Santo Padre, León XIV, con la voz firme de la compasión, nos llama a la reflexión. No podemos permanecer indiferentes ante este sufrimiento. No son simples estadísticas, son vidas truncadas, sueños destrozados. La infancia, ese tesoro invaluable, se ve arrebatada por la crueldad de la guerra.

El Papa, en su infinita bondad, implora el cese al fuego. Un clamor que resuena en la Plaza de San Pedro y que debe llegar a los oídos de quienes tienen el poder de detener esta tragedia. La liberación de los rehenes, el respeto al derecho humanitario, son principios fundamentales que no pueden ser ignorados. No podemos permitir que la barbarie se imponga. Debemos alzar la voz, unidos en una sola plegaria por la paz.

La parábola del Buen Samaritano, traída a colación por Su Santidad, nos invita a mirar más allá de nuestras propias preocupaciones, a detenernos en el camino y reconocer el rostro del prójimo en el sufrimiento ajeno. ¿Cuántas veces pasamos de largo, absortos en nuestras rutinas, indiferentes al dolor que nos rodea? El Samaritano, despreciado por la sociedad de la época, nos da una lección de humanidad. Se detiene, se compadece, se implica, se ensucia las manos con las heridas del otro. No pregunta por su origen, su religión, su condición social. Simplemente ve a un ser humano que necesita ayuda.

Este es el llamado que nos hace el Papa León XIV: ser samaritanos en el mundo de hoy. No basta con conocer las escrituras, con cumplir con los preceptos religiosos. La verdadera fe se manifiesta en la compasión, en la capacidad de amar al prójimo como a nosotros mismos. Debemos romper las barreras del egoísmo, de la indiferencia, y tender la mano a quienes sufren.

La guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza, son heridas abiertas en el cuerpo de la humanidad. Cada vida perdida, cada familia desplazada, cada niño traumatizado, es un grito silencioso que nos interpela. No podemos mirar hacia otro lado. El Papa nos invita a la oración, a la acción, a la solidaridad. Debemos ser instrumentos de paz, constructores de puentes, portadores de esperanza.

La compasión, nos recuerda Su Santidad, es la clave para transformar nuestras relaciones, para construir un mundo más justo y fraterno. Preguntémonos, con sinceridad, ¿cuándo seremos capaces de interrumpir nuestro viaje y tener compasión? La respuesta está en nuestro interior, en la capacidad de reconocer en el otro a un hermano, a una hermana, que necesita de nuestra ayuda. Que el ejemplo del Buen Samaritano y las palabras del Papa León XIV iluminen nuestro camino y nos inspiren a ser agentes de cambio en un mundo que clama por paz y justicia.

Fuente: El Heraldo de México