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28 de mayo de 2025 a las 22:50
Jalisco: Alerta por sismos en la Fractura de Rivera
La tierra bajo el mar frente a las costas de Jalisco no descansa. Un enjambre sísmico, concentrado en el extremo noroeste de la Fractura de Rivera, mantiene en vilo a los expertos de la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos de Jalisco. Doce sismos en tan solo 24 horas, tres de ellos con magnitudes considerables de 5.8, 5.9 y 5.4, dibujan un escenario de intensa actividad tectónica que, si bien no representa una amenaza inmediata para la población costera, exige una minuciosa y constante monitorización. Imaginen el coloso oceánico, un gigante dormido que se remueve en su lecho. Cada movimiento, cada temblor, es un recordatorio de la poderosa energía que yace bajo la superficie, una energía capaz de transformar el paisaje en un instante.
La Fractura de Rivera, esa cicatriz en la corteza terrestre donde las placas tectónicas de Rivera y del Pacífico se rozan con un movimiento horizontal de desplazamiento lateral derecho, es el epicentro de esta actividad. Como dos gigantes que forcejean, estas placas liberan energía en forma de sismos, ondas que se propagan a través del océano y llegan hasta la costa, a una distancia promedio de 375 kilómetros de localidades como Tomatlán, Cihuatlán y La Huerta. Estos nombres, que evocan la tranquilidad de la vida costera, se ven ahora unidos a la inquietante danza de las placas tectónicas.
Los científicos, con la precisión de un relojero, analizan cada dato, cada registro de la Red Sísmica del Estado de Jalisco (RESJAL) y del Servicio Sismológico Nacional (SSN). Su labor es vital: comprender el comportamiento de la tierra, descifrar sus señales y anticiparse, en la medida de lo posible, a sus movimientos. La actividad sísmica en la Fractura de Rivera no es nueva. La historia geológica de la región está marcada por estos eventos, periodos de relativa calma interrumpidos por episodios de mayor intensidad. Como un latido irregular, la tierra pulsa, recordándonos su dinamismo, su constante evolución.
A pesar de la recurrencia de estos eventos y la necesidad de una vigilancia continua, los expertos aseguran que, por el momento, no existe un riesgo directo para la población. Sin embargo, la naturaleza es impredecible, y la ciencia, en su búsqueda incansable del conocimiento, nos enseña la importancia de la prevención, de la preparación. La tranquilidad de las costas jaliscienses se mantiene, pero la vigilancia no cesa. Los ojos de la ciencia, atentos a cada temblor, nos protegen desde la distancia, desentrañando los misterios de la tierra para garantizar nuestra seguridad. Mientras tanto, la vida en la costa sigue su ritmo, ajena al silencioso pulso del océano, al constante movimiento de las placas tectónicas que, en su danza milenaria, dan forma a nuestro planeta.
Fuente: El Heraldo de México