28 de mayo de 2025 a las 03:45
¡Exigencia estudiantil!
La tensión se palpa en el aire en la Universidad del Istmo, Campus Juchitán. Un silencio inusual, roto solo por los murmullos de los estudiantes y el crujir de las pancartas que adornan la entrada principal, es el testimonio de la toma de instalaciones que se lleva a cabo. El motivo: la destitución de un profesor de la carrera de Enfermería, acusado de acoso sexual por una alumna. La indignación y la incertidumbre se mezclan en los rostros de quienes, convocados por la solidaridad y la defensa de quien consideran un docente ejemplar, han decidido alzar la voz y exigir su reinstalación.
"No estamos defendiendo el acoso, estamos defendiendo la justicia", se escucha entre la multitud. Los estudiantes argumentan que la acusación carece de fundamento y que el profesor, encargado de la materia Materno Infantil, siempre ha mantenido una conducta intachable. "Las prácticas se realizan en el salón, a la vista de todos. Seguimos un protocolo estricto, con respeto y ética. Es imposible que haya ocurrido lo que se dice", afirma una estudiante de enfermería, visiblemente afectada por la situación. La sombra de la duda se cierne sobre el campus. ¿Se trata de una acusación falsa? ¿Una malinterpretación? ¿O una verdad incómoda que algunos se niegan a ver?
La complejidad del caso radica en la naturaleza misma de las prácticas de la materia Materno Infantil. "Tenemos contacto con mujeres embarazadas, realizamos exploraciones que, sacadas de contexto, podrían malinterpretarse", explica otro estudiante. La delicadeza de la situación exige una investigación exhaustiva y transparente, que garantice la protección de la presunta víctima y al mismo tiempo, el derecho del acusado a la presunción de inocencia.
La toma de instalaciones no es un acto impulsivo, sino una medida desesperada ante lo que consideran una injusticia. Los estudiantes aseguran haber intentado dialogar con las autoridades, pero sus peticiones han sido ignoradas. "Nos sentimos amenazados por otros profesores", denuncia una alumna, lo que añade una nueva capa de complejidad al conflicto. ¿Existe una pugna interna dentro del cuerpo docente? ¿Hay intereses ocultos que se están manifestando a través de esta acusación?
La rectora de la universidad ha sido convocada para iniciar un diálogo y buscar una solución a la problemática. Mientras tanto, las actividades académicas permanecen suspendidas. La incertidumbre se prolonga, y la comunidad universitaria espera con ansias una resolución que no solo resuelva el conflicto inmediato, sino que también siente un precedente para futuros casos. ¿Qué mecanismos se implementarán para garantizar la seguridad de los estudiantes y al mismo tiempo proteger los derechos de los docentes? El futuro de la Universidad del Istmo, Campus Juchitán, pende de un hilo, y la resolución de este conflicto marcará un antes y un después en la historia de la institución.
La toma de instalaciones continúa. El tic-tac del reloj se convierte en un recordatorio constante de la urgencia de la situación. Los estudiantes permanecen firmes en su demanda, esperando una respuesta que les devuelva la tranquilidad y la confianza en su institución. El silencio, ahora, es un grito silencioso que exige justicia y transparencia.
Fuente: El Heraldo de México