Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Entretenimiento

28 de mayo de 2025 a las 23:45

Dolores del Río: Un adiós amargo.

La figura de Cantinflas, ese personaje entrañable de pantalones caídos y baile singular, continúa resonando en el corazón del público mexicano y del mundo. A más de tres décadas de su partida, su humor único sigue arrancando sonrisas, un legado que trasciende el tiempo y las generaciones. Pero detrás de las carcajadas y el éxito rotundo, se escondía una historia de lucha y dolor, marcada por los estragos del cáncer de pulmón que finalmente le arrebató la vida. Sus últimos días, lejos de los reflectores y el clamor del público, estuvieron teñidos por la crueldad de la enfermedad y, lamentablemente, por discrepancias familiares que empañaron el ocaso de una leyenda.

Desde sus humildes inicios en las carpas de la Ciudad de México, Mario Moreno aprendió a conectar con la gente, a comprender sus anhelos y frustraciones. En esos escenarios improvisados, donde el público no dudaba en expresar su desagrado con crudeza, forjó un estilo único e irrepetible. Un humor que nacía de la observación, de la identificación con las clases populares, y que pronto se convirtió en una poderosa herramienta para denunciar las injusticias sociales. Aquellas carpas, llenas de polvo y risas, fueron la cuna de un genio de la comedia.

Pocos saben que antes de conquistar la pantalla grande, Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, nombre real del icónico Cantinflas, exploró diferentes oficios. Fue bailarín, boxeador, taxista, militar e incluso torero. Experiencias que, sin duda, contribuyeron a moldear su versátil personalidad y su capacidad para encarnar personajes tan diversos y entrañables. A finales de la década de 1920, su camino se cruzó con el cine, y a partir de 1930 su popularidad se disparó. Películas como "No te engañes corazón" y "Así es mi tierra" marcaron sus primeros pasos en la industria, pero fue con "Ahí está el detalle", "Ni sangre ni arena" y "El gendarme desconocido" que se consagró como un ícono del cine mexicano.

Su talento innato para la comedia, la naturalidad con la que se desenvolvía frente a las cámaras, cautivó al público y a la crítica. Incluso el legendario Charles Chaplin, figura cumbre del cine mudo, reconoció a Cantinflas como "el mejor comediante". Un elogio que resonó con fuerza y que confirmaba lo que muchos ya sabían: Cantinflas era un genio irrepetible.

En el ámbito personal, la vida de Mario Moreno estuvo marcada por el amor de Valentina Ivanova, una bailarina rusa con quien compartió su vida desde 1934 hasta la muerte de ella en 1966, víctima también del cáncer. De esta unión nació Mario Arturo Moreno Ivanova, su único hijo y heredero de un legado artístico invaluable. "Para mí, la sonrisa y la risa de la gente es vida", declaró alguna vez Cantinflas, palabras que resumen la esencia de su vocación y su profundo compromiso con el público.

El diagnóstico de cáncer de pulmón a principios de 1993 marcó el inicio del fin. Retirado ya de los escenarios, el "Mimo de la Gabardina Blanca" enfrentó la enfermedad con valentía, pero su salud se deterioraba rápidamente. Un agresivo tratamiento de quimioterapia en Estados Unidos fue el último intento por frenar el avance implacable del cáncer. Finalmente, Mario Arturo Moreno Ivanova decidió traerlo de vuelta a México para que pasara sus últimos días en su tierra natal.

La muerte de Cantinflas el 20 de abril de 1993 sumió al país en un profundo luto. Millones lloraron la partida del genio de la comedia, del hombre que con su humor sencillo y profundo había conquistado los corazones de varias generaciones. Sin embargo, la tristeza se mezcló con la polémica, ya que un conflicto por la herencia entre su hijo, Mario Arturo, y su primo, Eduardo Moreno Laparade, empañó los últimos días del comediante y generó una controversia que se extendió por años. Una triste paradoja para un hombre que dedicó su vida a sembrar alegría. A pesar de las controversias, el legado de Cantinflas permanece intacto, una fuente inagotable de risas y un recordatorio de la importancia del humor como herramienta de conexión y reflexión social.

Fuente: El Heraldo de México