28 de mayo de 2025 a las 19:15
Decomiso en Aguaruto: Armas, drogas y celulares.
La tensión aún se respira en el aire de Culiacán. Una semana después del violento enfrentamiento entre grupos rivales dentro del penal de Aguaruto, la sombra de la incertidumbre se cernía sobre la ciudad. ¿Había sido un incidente aislado o la punta del iceberg de una problemática mayor? La respuesta llegó con la fuerza de un huracán esta mañana, en forma de un operativo conjunto sin precedentes.
Imaginen la escena: el sol apenas despuntando, pintando el cielo con tonos rojizos, y un ejército de uniformados de distintas corporaciones – Policía Estatal Preventiva, Guardia Nacional, Ejército Mexicano, Marina, Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Fiscalía General de la República y Fiscalía del Estado – rodeando el penal de Aguaruto como una muralla impenetrable. Mientras los elementos militares y de la Guardia Nacional aseguraban el perímetro, agentes especializados iniciaban una meticulosa búsqueda en cada rincón del centro penitenciario. Una búsqueda que desenterró un arsenal oculto tras los muros de la prisión, un arsenal que pone en evidencia la fragilidad del sistema y la persistencia del poder dentro de los muros.
No hablamos de simples objetos prohibidos, sino de un auténtico catálogo del peligro: una escopeta calibre 12, tres pistolas 9mm, cargadores, cartuchos, drogas como marihuana y presunta cocaína, vapeadores, y una cantidad alarmante de celulares – 89 en total – junto con bandas anchas móviles, módems, memorias USB y tarjetas telefónicas, herramientas para comunicarse con el exterior y orquestar, quizás, nuevos actos de violencia. Y como si esto no fuera suficiente, un inventario de armas blancas que hela la sangre: cuchillos, puntas metálicas, desarmadores, tijeras, navajas… objetos cotidianos transformados en instrumentos de agresión y control dentro del ecosistema carcelario.
La pregunta que resuena ahora es: ¿cómo ingresó todo este material al penal? ¿Estamos hablando de fallas en los protocolos de seguridad, de complicidades internas, o de una combinación de ambos factores? La investigación que ahora emprenden las autoridades ministeriales deberá arrojar luz sobre estas interrogantes y deslindar responsabilidades. Mientras tanto, la sociedad sinaloense observa con atención, exigiendo respuestas y soluciones concretas. La intervención de este martes, más que un punto final, representa el comienzo de un nuevo capítulo en la lucha contra la corrupción y la impunidad dentro del sistema penitenciario. Un capítulo que deberá escribirse con transparencia y con la firme determinación de erradicar las redes de poder que operan en las sombras.
El decomiso, por impactante que sea, no es la solución definitiva. Es un paso necesario, un golpe al corazón de la criminalidad, pero la verdadera batalla se libra en la reconstrucción de la confianza, en la implementación de medidas efectivas para prevenir la reincidencia y en la creación de un sistema penitenciario que realmente cumpla con su función: reinsertar a los individuos en la sociedad, no convertirlos en piezas de un engranaje criminal aún más complejo y peligroso. La sociedad exige respuestas, y el futuro de Sinaloa depende de la capacidad de las autoridades para proporcionarlas.
Fuente: El Heraldo de México