28 de mayo de 2025 a las 09:30
Ámsterdam: ¿Adiós a la fiesta?
Ámsterdam, la ciudad de los canales y las bicicletas, se encuentra en una encrucijada. Su fama de liberalidad y tolerancia, especialmente en lo que respecta al cannabis, la ha convertido en un imán para millones de turistas, muchos de los cuales buscan una experiencia centrada en la fiesta, el alcohol y las drogas. Esta afluencia masiva, que superó los 22 millones de visitantes en 2023, está generando una creciente tensión con los residentes, quienes ven cómo su ciudad se transforma en un parque temático para el disfrute ajeno. La promesa de una Ámsterdam permisiva y accesible choca con la realidad de una ciudad saturada, donde la calidad de vida de sus habitantes se ve afectada por el ruido, la masificación y un turismo que a menudo se olvida del respeto por el entorno y sus gentes.
El "turismo de fiesta", como se le ha denominado, ha puesto en el punto de mira la política de cannabis de la ciudad. Si bien la ley teóricamente restringe el acceso a los coffee shops a residentes legales en los Países Bajos, la realidad es que esta normativa rara vez se aplica. Muchos de estos establecimientos dependen en gran medida del turismo, creando un círculo vicioso que alimenta la imagen de Ámsterdam como un paraíso de excesos. Esta imagen, distorsionada y reduccionista, es la que atrae a hordas de jóvenes, principalmente hombres, que recorren la ciudad de bar en bar, a menudo bajo los efectos del alcohol y otras sustancias, generando un ambiente de ruido y, en ocasiones, agresividad que perturba la tranquilidad de los barrios.
La problemática se agudiza en zonas como el centro histórico y el famoso Barrio Rojo, donde la concentración de turistas es mayor. Los residentes se sienten desplazados, obligados a abandonar sus espacios habituales y a buscar alternativas de ocio fuera del centro, alejados del bullicio y la masificación. Fabio Setti, residente en Ámsterdam desde hace seis años, lo confirma: "Muchos clubes a los que solía ir ya no me interesan, porque están llenos de turistas que solo buscan la fiesta típica de Ámsterdam". Esta desconexión entre la experiencia turística y la vida cotidiana de los residentes es palpable, creando una brecha que se profundiza cada día.
La situación ha llegado a tal punto que los vecinos amenazan con llevar al ayuntamiento a los tribunales por incumplir sus propias normas contra el turismo masivo, especialmente la limitación de 20 millones de pernoctaciones turísticas al año. Exigen soluciones concretas que vayan más allá de las medidas cosméticas implementadas hasta ahora, como la restricción de horarios en bares y discotecas o las campañas publicitarias disuasorias. Si bien estas iniciativas demuestran una cierta voluntad política por abordar el problema, resultan insuficientes para revertir la dinámica de masificación y recuperar el equilibrio entre el turismo y la vida local.
La voz de Uma Kagenaar, periodista criada en Ámsterdam, refleja el sentir de muchos residentes: "los residentes locales piensan que una gran parte del centro es solo un paraíso para turistas. No quedan residentes locales ahí". Su testimonio pone de manifiesto la pérdida de identidad que sufre la ciudad, transformada en un escenario para el consumo y el entretenimiento, donde la vida cotidiana de sus habitantes queda relegada a un segundo plano. Incluso lugares emblemáticos como el Barrio Rojo, se convierten en espacios ajenos para los propios amsterdamenses, evitados por los locales y visitados casi exclusivamente por turistas.
El debate sobre el modelo turístico de Ámsterdam está abierto. La ciudad se enfrenta al reto de encontrar un equilibrio entre los beneficios económicos del turismo y la preservación de su identidad, su cultura y la calidad de vida de sus habitantes. La solución pasa por replantear la estrategia turística, apostando por un turismo sostenible y respetuoso, que valore la autenticidad de la ciudad más allá de los clichés y los estereotipos. El futuro de Ámsterdam depende de su capacidad para reconciliar el turismo con la vida local, creando un espacio compartido donde ambos puedan coexistir de forma armoniosa.
Fuente: El Heraldo de México