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27 de mayo de 2025 a las 09:55

Rescatemos la Educación: ¡Actúa Ahora!

La crisis educativa en México no es un fenómeno reciente, sino una herida que supura desde hace décadas. Y en el corazón de esta llaga, enquistada como un parásito, se encuentra la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). No se trata de un sindicato que lucha legítimamente por los derechos de los maestros, sino de una maquinaria política que ha pervertido la protesta social, convirtiéndola en un lucrativo negocio basado en el chantaje, la extorsión y el secuestro del derecho a la educación de millones de niños.

Su estrategia, tan simple como efectiva, consiste en paralizar ciudades, someter a gobiernos enteros a su voluntad y sacrificar el futuro de generaciones en el altar de sus supuestas reivindicaciones. Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas… Nombres que resuenan como sinónimo de desastre educativo, no por falta de recursos, sino por la asfixiante presencia de la CNTE, que ha secuestrado el sistema educativo y lo mantiene como rehén.

Desde su campamento base en el Zócalo capitalino, los líderes de la CNTE no exigen, sino que negocian. Demandan aumentos salariales desorbitados, que llegan al 100%, y la abolición del sistema de pensiones individualizado, anhelando el retorno a un modelo clientelar donde los privilegios estén garantizados sin contraprestación alguna. ¿Y la respuesta del gobierno federal? Una mezcla de debilidad y connivencia.

La presidenta, que se autoproclama negociadora, actúa en realidad como facilitadora de las exigencias de la CNTE. Cancela su propia reforma al ISSSTE a los pocos días de presentarla, decreta condonaciones masivas de deudas con Fovissste y concede aumentos salariales superiores a los de cualquier otro sector público. A cambio, no recibe ni una tregua, ni un aula abierta. Solo confirma que sus decisiones no están dictadas por el interés general, sino por el miedo a contrariar a un grupo capaz de paralizar la capital y sembrar el caos en el sur del país.

Mientras los ciudadanos padecen bloqueos, pérdidas económicas y un caos vial infernal, el gobierno despliega a la policía, no para liberar las calles, sino para proteger a quienes las bloquean. Una paradoja cruel que convierte a los ciudadanos en doblemente víctimas: primero de la CNTE, y luego del Estado, que en lugar de protegerlos, financia y blinda a sus agresores.

En este escenario kafkiano, los maestros en paro continúan cobrando sus salarios. El Estado no les descuenta ni un peso, e incluso, en algunos casos, los gobiernos estatales cubren sus gastos de traslado y viáticos. No se trata de una omisión, sino de una estrategia de apaciguamiento que alimenta el círculo vicioso: protesta violenta, presión mediática, concesión presupuestal, y vuelta a empezar.

La capacidad de la CNTE para movilizar a miles de docentes no se basa en la convicción o el idealismo, sino en la coerción. Los líderes controlan los nombramientos, los ascensos y las plazas. Quien no marcha, no asciende. Quien se rebela, es castigado. El mérito profesional ha sido suplantado por la lealtad al cacique sindical.

El caso de la CNTE no es solo un síntoma de la debilidad institucional del Estado mexicano, sino una evidencia de su rendición moral. No se trata ya de negociar con actores radicales, sino de financiar su operación, legitimar sus métodos y normalizar lo inaceptable: que un grupo con prácticas mafiosas decida el futuro educativo de millones de niños.

Y lo más preocupante es que este ciclo no se romperá con la próxima concesión o el inevitable acuerdo. Volverán, año tras año, con nuevas exigencias, con más violencia, con mayor impunidad. Porque han aprendido que en México, la CNTE no es castigada, sino premiada.

El resultado es una educación pública devastada, generaciones enteras de estudiantes abandonados a su suerte y un sistema donde la única lección aprendida es que la extorsión funciona. La CNTE es un negocio redondo, sí, pero también es uno de los principales responsables de la debacle educativa nacional. Y lo más grave: sigue operando con la complicidad de los gobiernos que dicen combatirla. Si no se desmantela esta estructura mafiosa y se implementan estrategias educativas alternativas, el futuro no será incierto, sino la certeza de un colapso social.

Fuente: El Heraldo de México