27 de mayo de 2025 a las 12:55
El Viaducto: ¿río o caos vehicular?
La Ciudad de México, un monstruo de concreto y asfalto en constante expansión, ha sido moldeada por visiones utópicas y decisiones pragmáticas que, a la luz del siglo XXI, revelan aciertos y errores monumentales. A mediados del siglo XX, el Viaducto y el Periférico surgieron como arterias vitales, promesas de una modernidad que buscaba domar el caos urbano. Sin embargo, estas imponentes obras, concebidas como soluciones a los problemas de una urbe en pleno crecimiento, también sembraron las semillas de los desafíos que hoy enfrentamos.
Desde la década de 1920, la mente visionaria del arquitecto Carlos Contreras Elizondo ya anticipaba la necesidad de un cambio radical. Su propuesta, una "ciudad noble y lógica", buscaba ordenar el laberinto de calles y edificaciones, optimizar el flujo de personas y mercancías, e integrar los espacios verdes en el tejido urbano. Inspirado en las corrientes urbanísticas estadounidenses, Contreras Elizondo imaginó un sistema vial que conectara las distintas partes de la ciudad, imponiendo una armonía que contrastaba con la fragmentación y el desorden preexistentes.
Su sueño, plasmado en planos y proyectos, resonó décadas más tarde en el gobierno de Miguel Alemán, quien impulsó la construcción del Viaducto, una vía rápida que cortaría la ciudad de Este a Oeste, agilizando el tránsito vehicular y simbolizando el progreso de una nación en ascenso. El nombre del expresidente, inmortalizado en uno de los tramos de esta magna obra, es un recordatorio de la ambición y el optimismo que marcaron aquella época.
Pero la modernidad, a menudo, tiene un precio. La construcción del Viaducto y el Periférico implicó el entubamiento de ríos, una decisión que, si bien resolvió el problema de las inundaciones, también significó la pérdida de espacios naturales y la priorización del automóvil sobre otras formas de movilidad. El arquitecto Jorge Legorreta, en una lúcida reflexión, calificó esta decisión como un "error histórico" cuyas consecuencias seguimos pagando hasta nuestros días. La falta de previsión para el transporte colectivo condenó a la ciudad a la dependencia del automóvil particular, generando la congestión y la contaminación que hoy nos ahogan.
El Viaducto, inaugurado en 1950 bajo la dirección del arquitecto Carlos Lazo, se convirtió en un símbolo de la modernidad, una vía que atravesaba colonias emblemáticas como Nápoles, Escandón, Del Valle, Roma y Narvarte. Su recorrido, dividido en tres tramos con nombres distintos –Viaducto Río Becerra, Viaducto Miguel Alemán y Viaducto Río de la Piedad–, refleja la complejidad de una ciudad en constante transformación.
A pesar del paso del tiempo y del aumento exponencial del tráfico, el Viaducto se mantiene como una vía fundamental en la dinámica urbana. Su historia, entrelazada con la visión de urbanistas y las decisiones de políticos, nos recuerda la importancia de la planificación a largo plazo y la necesidad de considerar las consecuencias, tanto positivas como negativas, de las grandes obras de infraestructura. El reto actual es aprender de los errores del pasado y construir una ciudad más sostenible e inclusiva, donde la movilidad sea un derecho para todos y no un privilegio para unos pocos. La "ciudad noble y lógica" de Contreras Elizondo sigue siendo un ideal a perseguir, un horizonte hacia el cual debemos dirigir nuestros esfuerzos para construir un futuro urbano más justo y equitativo.
Fuente: El Heraldo de México