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27 de mayo de 2025 a las 06:10

El hundimiento del Potrero del Llano

La tranquila travesía del Potrero del Llano, un buque petrolero mexicano que surcaba las aguas cercanas a Florida el 13 de mayo de 1942, se vio brutalmente interrumpida. Un torpedo, lanzado desde las profundidades por un submarino alemán, impactó contra el casco, sembrando el caos y la destrucción. A pesar de navegar plenamente identificado, con la bandera mexicana ondeando al viento y el nombre del país claramente visible a ambos lados, el Potrero del Llano se convirtió en un blanco de la maquinaria bélica alemana. Horas más tarde, el buque se hundió en las profundidades del océano, llevándose consigo la vida de 14 marinos. Este acto de agresión no fue un incidente aislado. Tan solo una semana después, el 20 de mayo, otro buque petrolero mexicano, el Faja de Oro, sufrió un ataque similar cerca de las costas de Cuba, perpetrado también por un submarino alemán. Estos dos ataques, cobardes y dirigidos contra una nación que hasta entonces se había mantenido neutral, marcaron un punto de inflexión en la historia de México y su participación en la Segunda Guerra Mundial.

Hasta ese fatídico mes de mayo, México había optado por la neutralidad en el conflicto global que enfrentaba a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) contra los Aliados (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética). Sin embargo, el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, un acto que conmocionó al mundo, obligó a México a redefinir su postura. Ese mismo día, el gobierno mexicano rompió relaciones diplomáticas con Japón, seguido de la ruptura con Alemania el 11 de diciembre. A pesar de estas acciones, la neutralidad mexicana se mantenía, al menos en el campo de batalla.

Los ataques a los buques petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro cambiaron radicalmente el panorama. Estos actos de agresión, sumados a otras acciones hostiles por parte de los países del Eje y la firme postura antifascista del gobierno mexicano, impulsaron al presidente Manuel Ávila Camacho a solicitar al Congreso de la Unión la declaración del estado de guerra. El 28 de mayo de 1942, la Cámara de Diputados respondió de manera unánime, aprobando el decreto que oficialmente situaba a México en estado de guerra contra las potencias del Eje, retroactivo al 22 de mayo, fecha del primer ataque.

Este decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación, sentó las bases para la participación activa de las tropas mexicanas en la Segunda Guerra Mundial. La contribución más significativa de México al esfuerzo bélico aliado fue la formación del Escuadrón 201, una unidad de la Fuerza Aérea Mexicana que, tras la autorización de la Cámara de Senadores el 29 de diciembre de 1944, se preparó para combatir en el Pacífico. El 27 de marzo de 1945, los aviones del Escuadrón 201 despegaron del puerto de San Francisco, rumbo a las Filipinas, para unirse a la lucha contra el ejército japonés.

La participación del Escuadrón 201 no estuvo exenta de sacrificios. Cinco valientes pilotos mexicanos perdieron la vida en el frente de guerra: el Capitán 2° Pablo Luis Rivas Martínez, los tenientes José Espinosa Fuentes y Héctor Espinosa Galván, y los subtenientes Fausto Vega Santander y Mario López Portillo. Estos héroes, que entregaron su vida en defensa de la libertad y la justicia, son un testimonio del compromiso y la valentía del pueblo mexicano. El 25 de septiembre de 1945, en Manila, Filipinas, los miembros del Escuadrón 201 develaron un monumento en honor a sus compañeros caídos, un conmovedor tributo a su sacrificio. El 12 de octubre, tras haber cumplido con su deber, los pilotos mexicanos entregaron sus aviones y comenzaron los preparativos para el regreso a casa, dejando atrás un capítulo crucial en la historia de México. Su participación en la Segunda Guerra Mundial, aunque breve, demostró la solidaridad de México con la causa aliada y su firme convicción en la lucha contra la tiranía.

Fuente: El Heraldo de México