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27 de mayo de 2025 a las 11:25

Drogas adulteradas circulan en Baja California

La sombra del fentanilo y la xilacina se extiende sobre la frontera norte de México, tiñendo de preocupación el panorama de la salud pública. Un reciente estudio, respaldado por el CONAHCYT, ha destapado una realidad alarmante: de cuatro mil residuos de drogas analizados en Mexicali y Tijuana, un 60% contenía fentanilo y un 20% xilacina, un adulterante de uso veterinario que está generando estragos en la población. Imaginen la potencia devastadora de esta combinación: el fentanilo, un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, unido a la xilacina, un sedante para animales que no está autorizado para consumo humano. Este cóctel explosivo no solo intensifica la dependencia, sino que multiplica exponencialmente el riesgo de sobredosis y muerte.

Las palabras de Clara Fleiz Bautista, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría, resuenan como una alerta urgente: "En ciudades como Mexicali, Tijuana y Hermosillo, la heroína, el cristal y otras drogas están siendo mezcladas con fentanilo y xilacina, potencializando la dependencia, el riesgo de sobredosis y muerte". No se trata de una amenaza lejana, sino de una realidad que golpea con fuerza a nuestras comunidades, dejando tras de sí un rastro de dolor y desesperanza. La xilacina, conocida en las calles como "tranq" o "droga zombie" por los efectos devastadores que produce en el cuerpo, genera lesiones cutáneas severas, abscesos profundos y un deterioro físico alarmante que recuerda a escenas de películas de terror. Además, dificulta los esfuerzos de reanimación en casos de sobredosis, ya que su efecto sedante es resistente a la naloxona, el antídoto comúnmente utilizado para revertir los efectos de los opioides.

Ante este panorama desolador, la sociedad civil se alza como un faro de esperanza. Organizaciones como Integración Social Verter A.C. han tomado la iniciativa, implementando salas de consumo supervisado en la región. Estos espacios, lejos de promover el consumo, se convierten en refugios para quienes luchan contra la adicción. Ofrecen un entorno seguro, información vital sobre los riesgos asociados al consumo de drogas adulteradas, y acceso a recursos para la reducción de daños. Es una apuesta por la humanidad, por la dignidad y por la vida.

Sin embargo, la labor de estas organizaciones no es suficiente. Se necesita un compromiso firme y decidido por parte de las autoridades. Clara Fleiz Bautista lo subraya con contundencia: "Es importante implementar políticas públicas de salud en materia de reducción de daños". No podemos seguir ignorando esta crisis. Necesitamos estrategias integrales que aborden la problemática desde diferentes frentes: prevención, tratamiento, reducción de daños y control de la oferta. La educación, la sensibilización y la desestigmatización del consumo de drogas son pilares fundamentales para construir una sociedad más justa y compasiva. El futuro de nuestra comunidad está en juego. No podemos permitir que el fentanilo y la xilacina sigan sembrando muerte y destrucción en nuestras calles.

Fuente: El Heraldo de México