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27 de mayo de 2025 a las 03:55

¡Clases Ya! Chiapas Exige Solución

La incertidumbre se cierne sobre miles de familias chiapanecas. La sombra del paro magisterial, que mantiene cerradas un 18.24% de las escuelas en la entidad –unas 3,388 de un total de 18,572, según cifras de la Secretaría de Educación–, ha obligado a muchos padres a buscar alternativas para que sus hijos no pierdan el ritmo del ciclo escolar. Cursos extraescolares, clases particulares, repasos en casa… la creatividad se agudiza para evitar que la interrupción de las clases presenciales se traduzca en un retraso académico significativo. Mientras tanto, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) continúa su lucha en la Ciudad de México, llevando sus demandas a medios de comunicación, y a las puertas de instituciones clave como la SEP, el INE y la Secretaría de Hacienda. Si bien en Chiapas la CNTE no registró movilizaciones en el día de hoy, la tensión subyace.

Este escenario, lamentablemente, no es nuevo. Las protestas docentes son un grito, a veces silenciado, de un sector que se siente desvalorizado. Las causas son múltiples, pero todas convergen en un punto: la búsqueda de mejores condiciones laborales, salariales y, en última instancia, educativas. No se trata solo de un sueldo digno, aunque este sea un pilar fundamental. El salario de un maestro, especialmente en la educación básica, a menudo no refleja la responsabilidad que conlleva su labor ni permite cubrir las necesidades básicas. En México, por ejemplo, un sueldo que oscila entre los 8,000 y 14,000 pesos mensuales, dependiendo de la experiencia y el nivel, es claramente insuficiente en muchos casos, obligando a muchos docentes a buscar otras fuentes de ingreso. La falta de aumentos salariales que compensen la inflación y reconozcan el esfuerzo diario agrava aún más la situación.

Pero la problemática va más allá. La falta de recursos en las escuelas es una constante. Aulas deterioradas, escasez de material didáctico, acceso limitado a la tecnología… Un panorama desalentador que, en muchos casos, obliga a los propios docentes a costear los recursos que el sistema les niega. A esta precariedad se suma la sobrecarga laboral. Jornadas extensas, trámites administrativos que consumen un tiempo valioso, grupos numerosos… factores que impactan directamente en la calidad de la enseñanza y en la salud mental de los profesores.

Las reformas educativas, impuestas sin un diálogo real con el magisterio, son otro foco de conflicto. Cambios percibidos como injustos o impracticables generan resistencia y descontento. La falta de seguridad social, la inestabilidad laboral y la falta de reconocimiento profesional completan el cuadro. Muchos docentes trabajan con contratos temporales, sin acceso a prestaciones, pensiones o garantía de un futuro digno.

En el fondo, la lucha de los maestros es una lucha por la educación pública. Una educación de calidad, gratuita y accesible para todos. Una educación que valore a sus docentes y les brinde las condiciones necesarias para desempeñar su labor fundamental en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Atender sus demandas no es un favor, sino una inversión en el futuro.

Fuente: El Heraldo de México