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27 de mayo de 2025 a las 21:55
Alerta: Sismos de 7 en Galeana
La tierra bajo nuestros pies, en Nuevo León, nos recuerda su dinamismo. Aunque no lo percibamos a diario, una energía silenciosa se acumula y se libera en forma de sismos, como el ocurrido el pasado 11 de mayo en Montemorelos. Este evento, de magnitud 4.5, seguido de réplicas, sacudió no solo la tierra, sino también la percepción de muchos neoleoneses que consideran a su estado ajeno a la actividad sísmica. Sin embargo, los datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN) revelan una realidad diferente: más de 600 temblores registrados en los últimos 15 años dibujan un mapa sísmico que merece nuestra atención.
Este reciente episodio sísmico ha puesto en el foco de la investigación científica una peculiar estructura geológica en Santo Domingo, Galeana. Imaginen una grieta que se abre paso en la tierra, justo en la entrada de una caverna, en un pequeño poblado de apenas 200 habitantes. Allí, investigadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) trabajan contrarreloj para descifrar los secretos que guarda esta falla. ¿Es una señal premonitoria de eventos mayores? ¿Qué nos dice la tierra con estas señales?
El sismólogo Juan Carlos Montalvo, en una entrevista con El Horizonte, nos advierte sobre los posibles escenarios. Si los segmentos de la falla se rompieran individualmente, podríamos esperar sismos de magnitud 5. Pero si la ruptura fuese total, la magnitud podría alcanzar un impactante 7 en la escala de Richter. La diferencia entre un 5 y un 7 no es solo numérica, es exponencial en términos de energía liberada y, por lo tanto, de potencial destructivo.
La investigación se centra en comprender el comportamiento de esta falla. Los científicos de la UANL, equipados con tecnología topográfica de vanguardia, escudriñan la caverna y sus alrededores. Recorren palmo a palmo el terreno, analizando cada grieta, cada desplazamiento, buscando pistas que les permitan predecir el futuro sísmico de la región. Además, recogen testimonios y evidencias en las casas de los habitantes de Santo Domingo, quienes, en primera línea, experimentan los efectos de estos movimientos telúricos. Sus relatos son piezas clave del rompecabezas, una valiosa fuente de información que complementa los datos científicos.
La imagen de una tierra aparentemente tranquila se resquebraja ante la evidencia de estos eventos. Nuevo León, aunque no esté en la zona sísmica más activa del país, no es inmune a la fuerza de la naturaleza. La investigación en Santo Domingo nos recuerda la importancia de la prevención, de la comprensión de los fenómenos geológicos que nos rodean. Es un llamado a la conciencia, a la preparación, a la construcción de un futuro más resiliente ante los embates de la tierra. El conocimiento es nuestra mejor herramienta para enfrentar los desafíos que la naturaleza nos presenta.
Fuente: El Heraldo de México