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27 de mayo de 2025 a las 09:55

Abstención: ¿Tu voz en silencio?

La sombra de la duda se cierne sobre las próximas elecciones. Mientras algunos se preparan para ejercer su derecho al voto, una creciente inquietud permea el ambiente. ¿Es realmente un ejercicio democrático o una elaborada puesta en escena? La maquinaria política se ha puesto en marcha, con sus engranajes engrasados por la propaganda y las consignas repetidas hasta la saciedad. Pero detrás de la fachada de participación ciudadana, se esconde una realidad más compleja.

Se habla de obligación moral, del deber cívico de acudir a las urnas. Se nos dice que la abstención es la renuncia a la voz, la claudicación ante un sistema que necesita de nuestra participación, aunque sea simbólica, para legitimarse. Sin embargo, ¿qué valor tiene un voto emitido sin convicción, un voto dictado por la presión social o, peor aún, por la coacción? ¿No es acaso una burla a la esencia misma de la democracia?

La verdadera participación ciudadana no se limita a depositar una papeleta en una urna. Va mucho más allá. Es el debate constante, la confrontación de ideas, la fiscalización del poder. Es la voz crítica que se alza ante la injusticia, la movilización social que exige cambios reales. Y en ocasiones, la abstención consciente puede ser una forma más contundente de protesta que la participación en un proceso viciado de origen.

Se nos dice que si no votamos hoy, perderemos el derecho a exigir cambios en el futuro. Pero, ¿qué futuro nos espera si seguimos jugando a esta farsa? ¿Qué futuro podemos construir sobre los cimientos de la simulación y el engaño? La verdadera participación no se mendiga, se conquista. Y no se conquista con votos vacíos, sino con la lucha constante por un sistema verdaderamente democrático.

Analicemos con detenimiento las propuestas de los candidatos, sus trayectorias, sus compromisos. Preguntémonos si realmente representan nuestros intereses, si son capaces de llevar a cabo las transformaciones que el país necesita. Y si la respuesta es negativa, si las dudas nos asaltan, si la desconfianza se apodera de nosotros, quizás la mejor opción sea alzar la voz de una manera diferente: con el silencio contundente de la abstención. Un silencio que puede resonar más fuerte que cualquier discurso vacío, un silencio que puede ser el germen de un verdadero cambio.

No se trata de apatía, sino de responsabilidad. No se trata de renunciar a la participación, sino de ejercerla de una manera más efectiva. No se trata de dejar que otros decidan por nosotros, sino de tomar las riendas de nuestro propio destino. La democracia no se construye con votos simulados, sino con la participación activa y consciente de una ciudadanía informada y crítica. Y en ocasiones, el silencio puede ser la forma más elocuente de exigir un verdadero cambio. Reflexionemos, analicemos y decidamos con responsabilidad cuál es el camino que queremos seguir. El futuro de México está en nuestras manos.

Fuente: El Heraldo de México