26 de mayo de 2025 a las 12:55
Tina Girouard: De vuelta al Tamayo
Adentrarse en la exposición SIGN-IN de Tina Girouard en el Museo Tamayo es como desempolvar un tesoro olvidado, un tesoro tejido con hilos de resistencia, memoria y una profunda convicción en el poder transformador del arte. Cuarenta y dos años después de su intervención en el mismo museo con "Vámonos a México", Girouard regresa, no en cuerpo, sino en espíritu, para recordarnos que el arte puede ser un acto cotidiano, un acto de cuidado, un acto político.
No se trata de una retrospectiva al uso, cronológica y pulcra. SIGN-IN es un desbordamiento, una invitación a sumergirse en el universo creativo de una artista que desafió las convenciones y construyó su propio lenguaje, un lenguaje visual que brota de la intuición y la memoria. Sus textiles, dibujos, instalaciones y ese fascinante "alfabeto simbólico" nos interpelan, nos invitan a repensar nuestra relación con el mundo, con lo cotidiano, con el propio arte. Imaginen, por un instante, a Girouard creando en su cocina, en el suelo, entre archivos, transformando lo humilde en extraordinario, lo doméstico en una declaración de principios.
La curadora Manuela Moscoso, con la precisión de una arqueóloga, nos guía a través de las diferentes capas de la obra de Girouard, desentrañando su significado, su potencia. Nos habla de una artista marginada por el sistema, pero con una fuerza interior inquebrantable. Una artista que encontró en el cuidado, en el mantenimiento, en la simple acción de barrer bajo un puente en Nueva York, una forma de resistencia. Un gesto que, en la mirada de Girouard, se transmuta en arte, en un grito silencioso contra la indiferencia. Ese barrer, ese sostener, ese cuidar, tan a menudo invisibilizado, adquiere en su obra una dimensión política, una afirmación de la vida misma.
Y es que para Girouard, el arte no se limitaba a la esfera estética, sino que se extendía a la vida, a lo cotidiano, a la ética del cuidado. ¿Cómo se sostiene la vida? ¿Quién cuida lo que habitamos? Estas preguntas, tan fundamentales, resonaban en su obra, en su forma de entender el mundo. No se trataba de crear objetos bellos, sino de tejer una red de afectos, de resistencias, de memorias.
La voz de Amy Bonwell, sobrina de Girouard y guardiana de su legado, añade una capa de intimidad a la exposición. Nos habla de una mujer que creía en sí misma, que sabía del valor de su trabajo, a pesar del silencio del mundo del arte. SIGN-IN, entonces, se convierte en un acto de justicia, de reparación, de reconocimiento. Una oportunidad para redescubrir a una artista singular, que convirtió su hogar en un laboratorio creativo y el cuidado en una forma de resistencia.
En definitiva, SIGN-IN es mucho más que una exposición. Es una experiencia, una inmersión en el universo creativo de Tina Girouard. Es una invitación a repensar el arte, la vida, la resistencia. Es, en palabras de Moscoso, "un ejercicio de memoria activa y transformación". Una experiencia que no se agota en la visita al museo, sino que permanece, como una semilla, germinando en la memoria. Una semilla que nos invita a cultivar, en nuestros propios espacios, esa misma ética del cuidado, esa misma fuerza transformadora del arte.
Fuente: El Heraldo de México