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26 de mayo de 2025 a las 09:40

Izquierda: ¿Fantasía o Realidad?

En México, donde hasta el pan de cada día parece venir con una etiqueta ideológica, la reciente tragedia que involucró a funcionarios públicos ha desatado una ola de críticas y cuestionamientos, no por el hecho en sí, sino por las posesiones materiales de las víctimas. Se ha puesto en el ojo del huracán el vehículo que conducía una de las funcionarias, desatando la furia de quienes parecen creer que la izquierda debe ser sinónimo de austeridad extrema. Se ha vuelto a encender el debate sobre si es posible ser de izquierda y disfrutar de las comodidades que ofrece el sistema capitalista.

Esta no es una discusión nueva. Desde tiempos inmemoriales, se ha intentado encasillar a la izquierda en un estereotipo de pobreza, como si la lucha por la justicia social requiriera un voto de pobreza perpetuo. Pareciera que para algunos, la validez de las ideas progresistas se mide en función de los sacrificios materiales que se realizan. ¿Acaso un teléfono inteligente, un coche o una buena comida invalidan la lucha por un mundo más justo? Este tipo de razonamiento no solo es simplista, sino que además resulta perjudicial para el propio movimiento.

Imaginemos por un momento a los grandes pensadores de la izquierda, a los líderes que han impulsado cambios sociales trascendentales. ¿Acaso renunciaron a todas las comodidades para validar su discurso? La historia nos demuestra que no. La lucha por la igualdad no implica necesariamente una vida de privaciones. Se puede aspirar a un mundo mejor y, al mismo tiempo, disfrutar de los avances tecnológicos, del arte, de la buena comida.

Es cierto que la coherencia es importante, pero la coherencia no se mide en la cantidad de bienes materiales que se poseen, sino en la congruencia entre las acciones y los ideales. Un izquierdista puede tener un buen coche y, al mismo tiempo, luchar por un transporte público eficiente y accesible para todos. Puede disfrutar de un buen restaurante y, al mismo tiempo, abogar por salarios dignos y condiciones laborales justas para los trabajadores de la industria alimentaria. La clave está en utilizar los recursos disponibles para impulsar el cambio social, no en renunciar a ellos.

La izquierda no es una competencia de austeridad, ni un club de mártires. Es un proyecto colectivo que busca construir un mundo donde el bienestar sea un derecho, no un privilegio. Un mundo donde todos tengan acceso a una vida digna, a la educación, a la salud, a la cultura. Un mundo donde la prosperidad no sea sinónimo de exclusión.

Pretender que la izquierda renuncie a los avances del sistema que busca transformar es un sinsentido. Es como pedirle a un médico que renuncie a los avances de la medicina para curar a sus pacientes. La herramienta no define la ideología, sino el uso que se le da. Un teléfono móvil puede ser una herramienta de alienación, pero también puede ser una herramienta de organización, de comunicación, de movilización social.

La verdadera coherencia de la izquierda reside en su capacidad para utilizar las herramientas disponibles para construir un mundo mejor, para democratizar el acceso al bienestar, para garantizar que todos, sin importar su origen o condición, tengan la oportunidad de vivir una vida plena y digna. No se trata de renunciar a las "rosas", sino de luchar para que todos tengan acceso a ellas, junto con el "pan". Se trata de aspirar a un mundo donde la justicia social no sea un lujo, sino la norma. Un mundo donde todos podamos disfrutar de la vida, sin culpas ni contradicciones.

Fuente: El Heraldo de México