26 de mayo de 2025 a las 21:25
Exigen hospital en Arantepacua
La tensión se palpa en el aire de Morelia. El eco de los cohetones y el olor a humo aún persisten tras la irrupción de los comuneros de Arantepacua en Casa Michoacán. Rostros cubiertos, palos en mano y una demanda clara: la construcción de un hospital. La promesa incumplida, la larga espera y la necesidad urgente de atención médica han desbordado la paciencia de esta comunidad indígena, empujándolos a tomar medidas drásticas.
La escena es impactante: un camión repartidor, convertido en ariete, derriba la reja principal de la sede del gobierno estatal. Las imágenes hablan por sí solas. La frustración y la desesperación se manifiestan en cada acto, en cada grito, en cada cohete lanzado. El fuego, accidental o intencionado, que prendió en el pastizal aledaño, simboliza la inflamada situación que se vive.
¿Qué ha llevado a los comuneros de Arantepacua a este punto? La falta de un hospital en su comunidad no es un problema nuevo. Es una carencia histórica que les obliga a recorrer largas distancias para recibir atención médica, poniendo en riesgo la vida de sus enfermos, especialmente en casos de emergencia. Han tocado puertas, han presentado solicitudes, han dialogado, pero la respuesta, según denuncian, siempre ha sido la misma: promesas vacías.
La presencia de la Guardia Civil, desplegada previamente, no impidió los desmanes. La pasividad de los agentes ante la toma del camión y el derribo de la reja genera interrogantes. ¿Órdenes superiores? ¿Temor a un enfrentamiento? ¿Estrategia de contención? Sea cual sea la razón, la imagen de los comuneros actuando sin resistencia policial alimenta la percepción de un gobierno que no escucha, que no atiende las demandas de sus ciudadanos, especialmente de los más vulnerables.
El diálogo, intentado por representantes del gobierno estatal, se rompió sin llegar a un acuerdo. La exigencia de los comuneros es clara e innegociable: la construcción del hospital. Mientras tanto, la tensión se mantiene. Arantepacua y la Guardia Civil frente a frente, en un silencio cargado de incertidumbre. ¿Qué pasará después? ¿Se reanudará el diálogo? ¿Escalará la violencia? El futuro de Arantepacua y la respuesta del gobierno estatal se encuentran en un punto crítico.
Este episodio pone de manifiesto la profunda desigualdad que aún persiste en nuestro país. La falta de acceso a servicios básicos como la salud es una realidad para muchas comunidades indígenas. Arantepacua es solo un ejemplo, un síntoma de un malestar más profundo que necesita ser atendido con urgencia. No basta con apagar el fuego, hay que atender las causas que lo originaron. La construcción de un hospital no es solo una obra de infraestructura, es un acto de justicia social. Es el reconocimiento del derecho fundamental a la salud de una comunidad que ha sido históricamente marginada.
Fuente: El Heraldo de México