26 de mayo de 2025 a las 09:35
Domina tus nervios
La inédita elección del Poder Judicial, a tan solo una semana de distancia, se perfila como un escenario singular en la historia política de México. Impulsada unilateralmente por el oficialismo, sin el consenso de las demás fuerzas políticas, la elección ha generado un mar de dudas e incertidumbre entre la ciudadanía. A pesar de los esfuerzos por explicar el proceso y su importancia, la apatía parece ser la respuesta predominante. La mayoría de los mexicanos desconoce a los candidatos y el procedimiento para ejercer su voto, lo que anticipa una alta abstención el día de la jornada electoral.
Esta falta de interés ciudadano refleja una desconexión profunda con el Poder Judicial, percibido como una entidad lejana, ineficiente y ajena a las necesidades de la población. La complejidad del proceso, con boletas extensas llenas de nombres desconocidos, se suma a la desidia generalizada. La participación consciente requeriría un esfuerzo titánico de investigación por parte del electorado, algo que pocos parecen dispuestos a realizar.
En este contexto, la maquinaria política del oficialismo se mueve con ahínco, promoviendo la elección entre sus bases y estructuras territoriales. Son ellos quienes compiten por los cargos, mientras la oposición, resignada, observa desde la barrera. La selección de candidatos, todos afines a la 4T, deja entrever un resultado predecible, donde la verdadera competencia se da al interior del propio partido. La presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se erige como el premio mayor en esta contienda interna.
El 2 de junio, México amanecerá con un nuevo panorama político. La división de poderes, ya debilitada, se difuminará aún más. Los contrapesos al poder ejecutivo se reducirán a la dinámica interna del partido gobernante, una autorregulación que genera interrogantes sobre su eficacia y transparencia. Si bien el respaldo popular a la 4T es innegable, cabe preguntarse si la ciudadanía comprende plenamente las implicaciones de esta elección y si su aparente conformidad se sustenta en un análisis informado.
La incertidumbre, elemento esencial de cualquier proceso democrático, brilla por su ausencia en esta contienda. El pronóstico es claro, los favoritos son conocidos, y el resultado, salvo algunas sorpresas menores, parece estar escrito. Esta certeza, paradójicamente, se convierte en un síntoma de la fragilidad democrática que atraviesa el país. La pregunta "¿Quiénes ganarán el próximo domingo?" resulta casi retórica, un eco vacío en un escenario donde la verdadera incógnita es el futuro del equilibrio de poderes y la impartición de justicia en México. Nos encontramos ante una encrucijada histórica, donde la apatía ciudadana y la concentración del poder podrían redefinir el rumbo del país. El desafío radica en reconectar a la ciudadanía con las instituciones y fortalecer los mecanismos de control para garantizar un futuro democrático sólido y transparente.
Fuente: El Heraldo de México