Inicio > Noticias > Maternidad
26 de mayo de 2025 a las 09:35
Abraza tu ambición sin culpa, mamá.
Durante décadas, la narrativa impuesta a las mujeres nos presentaba una disyuntiva aparentemente insalvable: la dedicación plena a la crianza de nuestros hijos o el desarrollo profesional. Nos inculcaron la idea de que la maternidad exigía una renuncia casi absoluta a nuestras aspiraciones personales y profesionales, como si ambas esferas fueran irreconciliables. Esta presión social nos empujaba a elegir un camino, abandonando una parte esencial de nosotras mismas en el proceso. Sin embargo, mi propia experiencia, como madre de tres hijos y habiendo alcanzado puestos de alta dirección, demuestra que esta dicotomía es una falsa premisa. No ha sido un camino fácil, ni mucho menos. He enfrentado el juicio social, las dudas familiares e incluso mi propia autocrítica. En ocasiones, la falta de políticas de conciliación en las empresas intensificaba la presión y me hacía sentir desgarrada entre mis responsabilidades profesionales y mi deseo de estar presente para mis hijos. La culpa se convirtió en una compañera constante, susurrándome al oído que cada logro profesional era una prueba de mi deficiencia como madre.
Pero con el tiempo comprendí que la maternidad, lejos de limitarme, me empoderaba. Me conectaba con una fuerza interior, una fuente de resiliencia y determinación que se traducía en un liderazgo más humano y eficaz. Mis hijos, en lugar de obstáculos, se convirtieron en mi inspiración, testigos de mi esfuerzo y motivación para seguir adelante. Aprendí a incorporar nuevas herramientas a mi vida: gestión del tiempo, mindfulness, liderazgo de equipos. Descubrí que la clave no estaba en la renuncia, sino en la integración, en la búsqueda de un equilibrio dinámico entre las diferentes facetas de mi ser.
La carta de mi hijo, a punto de graduarse, fue una confirmación conmovedora de este aprendizaje. En sus palabras, reconocí el impacto de mi ejemplo, de mi pasión y mi perseverancia. Comprendí que mis hijos no solo habían sido acompañados, sino inspirados por mi manera de vivir, de criar y de liderar. Su admiración se convirtió en el mejor antídoto contra la culpa, esa culpa insidiosa que aún persiste en nuestra sociedad, alimentada por voces que nos juzgan por no cumplir con un ideal irreal de maternidad. Es una culpa aprendida, cultural, que nos obliga a medir nuestro valor en función del sacrificio.
Para combatirla, debemos cuestionar sus fundamentos, recordar que ser una buena madre no implica una disponibilidad absoluta, sino una presencia consciente y amorosa, un tiempo de calidad que nutra el vínculo con nuestros hijos. Nuestro propósito, no la culpa, debe ser nuestra brújula. La crianza no es una responsabilidad exclusivamente femenina, sino una tarea compartida, una corresponsabilidad de la pareja. Para construir una sociedad más justa, necesitamos políticas laborales que reconozcan la realidad de la maternidad, redes de apoyo sólidas y espacios libres de prejuicios.
La maternidad no es un paréntesis en la vida de una mujer, sino una parte integral de su historia, un capítulo lleno de amor, desafíos y crecimiento. Es un acto de creación, de liderazgo, de construcción de un futuro más prometedor. Cuando una madre lucha por sus sueños, está enseñando a sus hijos a luchar por los suyos. Construyamos un mundo donde la maternidad no sea sinónimo de renuncia, sino una expresión plena y auténtica de nuestra individualidad. Un mundo donde las mujeres podamos ser madres, profesionales, líderes y, sobre todo, nosotras mismas.
Fuente: El Heraldo de México