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24 de mayo de 2025 a las 04:50

El Ojo de Iturbide: Pasión y Respeto

La noticia del Premio Princesa de Asturias a Graciela Iturbide ha resonado con fuerza en el mundo del arte, no solo por el merecido reconocimiento a una trayectoria impecable, sino también por la profunda reflexión que la artista nos invita a realizar sobre la fotografía, la vida y la dignidad humana. A sus 83 años, Iturbide demuestra que la pasión por la imagen y la curiosidad por el mundo no conocen de edades. Su lente, que ha capturado la esencia de comunidades indígenas, la belleza de la naturaleza y la complejidad de la condición humana, se convierte en un espejo donde nos vemos reflejados.

Más allá de la técnica, Iturbide nos habla de la fotografía como una forma de comprender el mundo, un lenguaje que trasciende las palabras y nos conecta con lo más profundo de nuestro ser. "La fotografía ha sido mi terapia, lenguaje y brújula", afirma, palabras que revelan la íntima relación que la artista ha construido con su oficio. No se trata simplemente de capturar un instante, sino de interpretarlo, de dotarlo de significado y de compartirlo con el mundo.

Su mirada, que describe como llena de asombro por la humanidad, se centra en la dignidad del individuo. Desde los Seris del desierto de Sonora hasta las mujeres de Juchitán, Iturbide ha retratado la fuerza y la resiliencia de comunidades que a menudo son marginadas. Su obra se convierte así en un testimonio, una voz que amplifica las historias de aquellos que no siempre tienen la oportunidad de ser escuchados.

El reconocimiento del jurado del Premio Princesa de Asturias, que destaca la fusión del realismo documental con una mirada íntima en la obra de Iturbide, consolida su lugar como una de las figuras más influyentes de la fotografía contemporánea. Este premio, recibido con una mezcla de alegría y tristeza por el reciente fallecimiento de su amigo Sebastião Salgado, marca una pausa luminosa en su carrera, un impulso para seguir explorando el mundo a través de su lente.

La anécdota de la llamada a las 4 de la mañana, que le reveló la noticia del premio, añade un toque de humanidad a la figura de la artista. Su sorpresa, su incredulidad, nos recuerdan que detrás de los grandes logros hay personas con sus propias historias, sus emociones y sus vínculos. La tristeza por la pérdida de Salgado, un amigo cercano con quien compartía la pasión por la fotografía, nos muestra la fragilidad de la vida y la importancia de las conexiones humanas.

La obra de Graciela Iturbide nos invita a mirar más allá de lo evidente, a encontrar la belleza en lo cotidiano y a reconocer la dignidad inherente a cada ser humano. Su legado, que se enriquece con este nuevo galardón, nos inspira a explorar el mundo con curiosidad, a expresarnos con autenticidad y a utilizar el arte como una herramienta para construir un mundo más justo y humano. Su consejo a las nuevas generaciones de fotógrafas, "no busquen complacer, sino entender el mundo desde lo que sienten y son", resuena con fuerza y se convierte en un llamado a la autenticidad y a la búsqueda de la propia voz.

Fuente: El Heraldo de México